jueves, 9 de diciembre de 2010

Brácula: Condemor II.

Anup: ”Ven Patgri… el Amo quiegue hablag cóontigo…”

Le faltó al indio tunear mínimamente su frase (dijo “Yago”, no “Amo”), para que esa escena a lo Bram Stoker de cuarta (con Patricia ejerciendo de damisela asustada, Anup de Renfield escuchimizado y ladino y Yago de vampiro cadavérico, que despacha desde su ataud, con los distintos siervos que vienen a rendirle pleitesía y a presentarle sus respetos), fuese el perfecto ejemplo explicativo del por qué de la mezcla de fascinación reverencial y temor que todos los habitantes de la casa sienten hacia el señor Hermida (fascinación que en el exterior se mezcla con odio casi a partes iguales, pese a que el chaval es lo que se ve y tampoco da para grandes guiones, mucho menos para una novela de Ellroy o similares, ni aún escrita en una noche de tormenta después de una mala digestión producida por una copiosa cena). Pero ya se sabe que en el país de los ciegos, el tuerto es el rey y personalmente, confieso, que el tipo me resulta cada día más atractivo (a medida que, curiosamente, su aspecto físico cada vez me resulta más enfermizo y desagradable) y albergo la esperanza de que, aún saliendo nominado hoy (pese al cómico y esperpéntico espectáculo de "pelillos a la mar", bañado en falsos abrazos y promesas de no agresión, que por parte de todos los bandos se ha escenificado ayer y hoy, Marcelo le odia y la mayoría del otro bando, seguro que le “regala” algún punto), el público “soberano” (supongo que actualmente se le llama así porque la mayoría de sus decisiones las debe de tomar con media botella del conocido coñac encima) no ejerza su aburrida ceguera habitual no le ponga en la puta calle, por bien del espectáculo y del entretenimiento.

Porque, sí, es cierto, Lydia, puede ser una niñita muy buena y muy dulce, pero sólo de imaginarme tres como ella en esa casa, me despierta las ganas de pegarme un tiro. Y tipos como Ruben (por muy lúcida y coherente que sea su postura actual, de las pocas, por cierto cuando todos se están retratando mucho más falsos aún de lo que se les había visto hasta ahora), me merecen muy poca confianza (me es imposible fiarme de un tío que, por muy jodido que esté, renuncie a darse una ducha con su novia, salvo que sea todo lo maricón que aparenta y más… dudo que se hubiese negado si la ducha se la hubiese propuesto “su” Yago) y me aseguran aún menos diversión. Y Laura cada vez me da más asco (con esa imagen de niña estúpida en la que parece haberse instalado mientras le dure la tontería de su amor en las nubes). Y mierdas como Jhota o Terry, sólo me dan ganas de “invadir Polonia” o de buscar en Internet un buen tratado sobre la Inquisición. Y vale, aún me quedaría Marta, pero me temo que es demasiado real, normal y sincera (y coherente, junto con el Ficus, por no regalar abrazos falsos de cara a salvar su culo), como para que guste a la patulea habitual que decide en este tipo de ferias.

Y poco más que contar. Ayer como cada día previo al semanal Día D, la función que tocaba era el habitual Frank Capra, plagado de buenos sentimientos, mejores intenciones y hasta sentidos y llorosos actos de contrición, como el del Retrasadodelagorra (ese que habla raro, no se sabe si porque se esfuerza o porque la madre naturaleza y el sabio dios, decidieron con muy buen criterio que, para rebuznar, tampoco hacia falta que el asno vocalice mucho), que se puso a llorar (y trabajo le debió costar montar el número y tratar de resultar medio creíble para los incautos tipo Milá; el esfuerzo hay que reconocérselo), pensando en la imagen que su pobre madre y el Pueblo Español en general (y en masa, como un todo que cada jueves se congrega como un solo alma frente a la pantalla batiendo cada semana todos los records de audiencia), pueden estar haciéndose de él, cuando en realidad, el niño es un cacho de pan (total porque amenaza un poquito con enviar a algún amigo suyo a que te pinche las tripillas).

Y claro, Charini (por no quedarse atrás y que nadie le arrebate su trono de falsa oficial), ahora resulta que vuelve a querer a Laco (La Coja chunga, por aquello de acortar) y esta le dice que aquella, para ella siempre fue lo más. Y luego se abraza a Jhota (y el pobre Ficus, no vomita porque ni para eso tiene arte el jodio y siempre se lo guarda todo para dentro). Y Yago Condemor (de profesión, político engaña bobos), empieza con un simple abrazo para enfriar las hostilidades y acaba partiéndole jamón a su reencontrada amiga Laco, que se moja las bragas hasta chorrear, sólo de sentirle cerca y verle medio sonreír, mientras la mira a ella y sólo a ella (e imagina seguramente, para ayudarse en el papel a interpretar y resultar cercano, cómodo y alegre, que la está descuartizando viva o que se está follando a la Sirenita por todos sus orificios corporales… o al revés, vaya usted a saber).

Y como en el fondo, el pariente tonto de Lestat (Condemor), ha sido lo suficientemente listo como para mover todos los hilos desde las sombras (o sea, desde su cama) y enviar siempre a sus peones a primera línea de fuego, para que los destripe el enemigo, pero sin dejar constancia evidente de quién es la mano que mece la cuna (de la guardería), se ha asegurado que, aunque él pueda estar en la palestra en esta ocasión, Chari fijo que le acompañará. Y en este país de pandereta que sigue oliendo a ajo y a queso rancio, siempre ha sido primordial el quemar a las “putas” mucho antes de encender la hoguera contra sus hijos.

Así que, una vez que esta noche salga el zoquete de la “borregoborroka”, Condemor podrá seguir jugando a la estrategia del pobre, quince días más.

Eso sí, por mí, ojala pueda seguir jugando aunque sea con esta falta de huevos y de ambiciones más altas, hasta que se termine la película.

(Y sí, los de abajo, son Yago y su Arturín del alma).