jueves, 9 de diciembre de 2010

La esperanza.

El puñetero problema de todo esto, es que la historia cada vez huela más a un remake light de GH6.

Y ya sabemos lo que pasó aquel año en el que, los de la suite fueron desfilando uno por uno, rumbo a la puta calle.

Lo que sucede es que aquí tenemos un problema (añadido a lo que para mí, en su momento, fue la mayor decepción vivida hasta la fecha en un GH, porque se me fueron “todos” y me quedé haciendo cábalas el resto del programa de a cual de ellos odiaba menos… y la respuesta antes se llamaba Belén, pero ahora no tiene nombre): fuera de la suite no hay Beas ni NIckys. Sólo hay un puto jardín de infancia, un desierto en el que cualquier asomo de vida inteligente (o simplemente con un mínimo de interés), sería eliminada al instante, ahogada en canciones de las putas películas del puto Walt y de la más grande. Y a partir del preciso momento en el que los de la suite pierdan a la parejita de Omaitos (cosa que previsiblemente sucederá el jueves que viene, porque ella seguramente se irá con él y porque aunque al final decidiese quedarse, cada uno trataría de salvar su culo a imagen y semejanza de lo que Yago viene haciendo desde que el mundo es mundo), el programa habrá terminado y, si no lo aceleran y se lo cargan en un abrir y cerrar de ojos, será simple y llanamente, porque T5 no tiene absolutamente nada más que ofrecernos (y porque el golpe sería mortal y prácticamente definitivo para el formato).

Así que mucho me temo que ayer, los que de verdad amamos este programa, sufrimos un golpe casi irreparable (al menos en lo que a esta edición se refiere) desde el punto de vista del mero divertimento (que debería ser el motor que guiase a todos los que siguen este circo, pero por lo visto, la gente tiene formas muy extrañas de divertirse, cosa que no es novedad). Una hostia de proporciones bíblicas, acompañada de una derrota en toda regla del que, hasta el momento, ha sido prácticamente el único banderín de enganche que hemos tenido todos aquellos que vemos esto como una lúdica y divertida guerra de guerrillas, y no una película para divertir a los paisanos de ese pobre Bombi que ayer noche metieron en la casa por el artículo 33, para que todos nos podamos reír un poco más de lo “raros” que son estos del arroz tres delicias (jojojo… dirá algún iluminado… este tonto se cree que todos los de ojos “adormilados” son chinos) y para que la animadora del geriátrico, pueda seguir haciendo chistes para nota acerca de taparrabos, paquetes y feromonas (si llega a estar de presentador el gran Pepe y en vez de un maromo, hubiesen metido a una tía, el Sr. Navarro estaría a esta hora en la puta calle, acusado de machista, salido y retrógado).

Y la cosa es que, desde GH7 (y vaya si han pasado años), la ceguera de los de arriba, no ha mejorado un ápice y a punto están de montarles un kiosko de la ONCE para ellos solitos. Porque si en aquella lejana y adorada edición, un pirado llamado Ontiveros pretendía cargarse a toda costa al activo más grande que jamás ha tenido este programa, las zafias tácticas vistas en la gala de ayer, no tenían otro fin que vendernos la bondad de un bando (en el que los romances se inventan a calzador y por cojones, que eso es lo que gusta a las carpeteras y a las maris) y en el que, empezando por la presentadora y terminando por el último mono responsable del engendro (presuntamente, aunque sigo confiando en que hay vida inteligente, al menos en los que no tienen nada que ver con el guión), la consigna era satanizar a Yago, por encima de todas las cosas y tratar de cargarse cuanto antes, al único foco de interés real que tiene esta edición plagada de mongos, lunis, bobos de baba y monigotes chuscos que producen vergüenza ajena y sonrojo a la hora de explicarle a alguien de fuera, como es posible que alguno de nosotros siga un programa en el que aún se empeñan los responsables en tratarnos como a putos retrasados, intentando por todos los medios demostrarnos lo divertido que es ver cual de los gilipollas cantores (Patricia, Coplas o el mierda de Jhota), tiene menos neuronas y más falta de cualquier elemental sentido del ridículo.

Y para rematar la jugada, la pírrica victoria del gallego anoche (el haber salvado su culo sin el más mínimo rasguño en forma de puntos), ha traído como consecuencia inmediata (y hasta lógica) los primeros síntomas de ruptura en el pequeño grupo. Porque obviamente, Ficus y Señora (que por cierto, cada vez me caen mejor), han visto como se han quedado con el culo al aire y a un palmo de la calle, mientras el gallego terminaba la noche sin haber sufrido ni un mínimo rasguño (en forma de puntos en unas nominaciones que se plantearon para dejarle con el culo al aire frente al otro bando, y cargarse así ese divertido juego en el que él nos hacia sus únicos cómplices).

Veremos como se mueven las fichas en este fin de semana, y si el señor Hermida, consigue calmar a las tropas y hacerlas volver al redil. Porque lo que está claro y es evidente es que, más allá de las apariencias y de la superficie, el ver como uno tras otro van desfilando sus apoyos a las primeras de cambio, por mucho que trate de disimularlo y no dejar entrever ni un mínimo apunte de emoción, miedo o derrota, el hombre de hielo cada día se siente seguramente más sólo y más temeroso de que llegue el fatídico día en el que las cuentas dejen de cuadrarle y salga a la palestra. Aunque (y a lo mejor estoy siendo demasiado optimista, pero tengo que buscar algo a lo que agarrarme), algunos aplausos ayer a un comentario de la Gitana desde plató, unidos a la ausencia de abucheos por parte de ese rebaño de borregos que suele asistir a las galas, me hace concebir la esperanza de que fuera, hay más gente a parte de unos pocos de aquí, que valora el espectáculo y el juego que está dando el gallego en esta historia.

De no ser así, dentro de nada, a mí sólo me quedará Marta, fiel por cierto hasta el final (de momento) a ese tipo extraño y frío como el hielo que la tiene completamente fascinada.

Y de todas formas y por si sirve de algo, a todos aquellos que odiéis a esa mierda que atiende al seudónimo de Jhota, deciros que, por mucho que la diferencia en porcentajes parezca muy grande y casi insalvable (y ojo, hay que tener en cuenta que hablamos de encuestas y ni siquiera de datos reales), la distancia en número de votos, no llega a estas horas a más de mil o mil y poco (y sé de lo que hablo).

Así que el que quiera, que se rasque un poco el bolsillo (aún sabiendo que el tongo nos lo pueden armar en cualquier momento, aunque bien es cierto que, dado lo cortas que son las entrevistas este año y la poca preparación que requieren en cuanto a videos o guión por su escasa duración, el posible tongo es cada vez menos necesario de cara a inversión de tiempo en la preparación de dos guiones alternativos y cada vez menos útil de cara a buscar la posible audiencia de la una y pico de la madrugada).

Yo, por mi parte, unos cuantos votos sí que le voy a meter al mierda de la gorra. Coño, que estamos en Navidad y es tiempo de ilusión y de esperanza.