jueves, 2 de diciembre de 2010

Cielo sobre Berlín.

En realidad, afuera nieva, con lo cual, es tan maravilloso ver como todo se pinta de blanco que, lo demás, importa bastante poco.

Aún así, y aunque haya poco o nada nuevo que contar, hay que tratar de rellenar un poco el espacio que hay justo encima de la primera foto del día. Así que vamos a ello.

Es divertido ver como los ratoncillos siempre están mucho más activos los miércoles. Todos se mueven y muestran sus mejores sonrisas, buscan amiguitos nuevos y apuñalan a los que hasta hace pocas horas eran sus "amigos para siempre". Es tiempo de campaña electoral y sobre todo de medrar y reptar para salvar el culo. Nada de esto es nuevo, año tras año, aunque los actores cambien, la función del día previo a la gala, es idéntica. Y aprovecho aquí para recordar (con cariño del bueno), a aquella Gisela de GH10, que convirtió esta práctica en un arte, con sus gloriosas y casi míticas tournes de simpatía, en el día anterior a que sus compañeros de encierro (y ella misma, claro), tuvieran que nominar.

Lo cierto es que ayer, Terry era pura simpatía (y no, nada tenía que ver algún cigarrillo que otro, loco, es que la niña es así, tooooooda sincerota pero con un corazón cinco estrellas...) y Yago odiaba a Marta (porque decía que la otra ya no le hablaba por haber votado el filósofo por no comprar tabaco). Así que la gallega, vagaba ojerosa por las estancias de la mansión, casi como un espíritu victoriano (o más bien como una integrante de la Santa Compaña, que es una comparación mucho más patria y racial). Y Pepa, que parecía que había rejuvenecido un poco (pero no lo suficiente como para recuperar los 20 años que parecen haberle caído desde que el jueves pasado), aprovechaba para hacer piña y sumarse a la confección del traje que este nuevo Ilustrado Gallego, le dedicaba a su paisana. Arturín, seguía haciendo méritos para el premio al tonto del Siglo y proclamaba aquello de que para él "respeto es uuuuhhhhgrrrrrr" (casi literal) y Terry (creo) le había faltado al mismo (en repetidas ocasiones, mire usted). Y en la tarde noche, la pareja (Anduriño y Meadoro, coyright de nuestro amadísimo Ministro) de amantes (no carnales si no "plutónicos", que se dice de aquellos mongolitos que demuestran su amor sólo con las miradas, aunque no hayan llegado, todavía, a jincar), se esforzaban solitos en su cuarto en generar videos de esos a los que se entregan "ensinparar", demostrando que Nagore y Juanito habían dejado un listón difícil de superar, pero que los nuevos, siempre pueden acabar sorprendiéndonos.

Y mientras en la otra casa (y ya me perdonará el respetable que mezcle hechos de días diferentes al tuntun, pero bueno, como el resumen diario ha abierto la veda para saltarnos por el forro de los cojones cualquier cronología, no voy a ser yo menos). Lydia, con su habitual picardias negro, se pintaba las uñas de los pies en el sofá. Y Marcelito (Elena Morado, de nombre artístico), no quitaba los ojos de los pies y los muslos de la niña de Papi, mientras se abrazaba a esa Laurita que no se entera de nada o no se quiere enterar. Y Dámaso monta el número porque el Malaguita (que a cada paso denota una creciente homofobia o quizás simplemente antipatía por el Coplas), le menta a su Manolo (que debe ser la versión folclórico-manchega, del tradicional mentarle a uno a la madre) y por lo que puede llegar a pensar el representante del artista (que según él, debe estar enganchado al 24 horas como un adicto) si lo llega a ver.

Y los confesionarios de la Sirenita, delatan que de tonta tiene más bien poquito, y que la nena, sin alterarse por nada y aún viviendo perpetuamente en su mundo de paz y amor, sabe analizar perfectamente de que va la película, sin dejar de ponerle ojitos a la cámara, y mostrarse en todo su esplendor, para deleite de los habituales pajilleros de la realización.

Y hoy llega por fin la reunificación de las dos casas. Y creo que todo puede dar un vuelco necesario. Por fin los odios y las las alianzas, dejarán de tener esa temporalidad que propiciaba el continuo trasvase de ratoncillos de una casa a otra. Algo tremendamente interesante de ver y disfrutar, pero que ya comenzaba a dar síntomas de agotamiento. Hace falta que todos estén juntos, de manera estable y que puedan echar raices fuertes las antipatías y los acercamientos. Necesitamos como el comer ya, el formato clásico de una casa y un grupo de gente viviendo la misma historia, sin viaje alguno al mundo exterior que haga que todo resulte demasiado temporal.

Y esa película, por fin, empieza esta noche.

Y yo, me muero de ganas de ver cuanto tardan Terry y Jhota en sacarse los ojos.