El Coplas sueña con ser Miguel de Molina y cada día se esfuerza en parecer más maricón y afectado. Y le sale un acento de manchegona con el que no parecía haber salido de casa, hace ya casi mil años, cuando todavía era un tierno exseminarista que bebía los vientos por su Manolo Escobar. Ahora ya no sabe exactamente a qué carta quedarse y fuerza cada día una nueva situación (algún invento nuevo), para reclamar que los focos se fijen en él, ante el temor de pasar desapercibido en medio de la manada. Y parece que sólo esa Sirenita que aparentemente no se entera de nada, es capaz de decir en voz alta lo que cualquiera con dos dedos de frente percibe a la legua.
Mientras, Laurita y Marcelo no follan, no vaya a ser que el padre de la niña, vea a su florecilla gimiendo como una perra y le de por asaltar los "muros" de Guadalix para vengar la afrenta de su pequeña mancillada, descuartizar al malandrín y meterle un par de hostias a la niña pa' que sepa lo que vale un peine. Y de tanta tensión sexual no resuelta, tanta calentura no saciada y tanto dolor de huevos, nacen las primeras nubes negras que aparecen en los hasta ahora inmaculados cielos del paraiso. Y el número de la bestia es Celos666 (sobre el cual Xxarini podría hacer una tesis doctoral sin apenas esfuerzo), tiene acento neutro y cansino (de esos taaaan de Venezuela, chama) y es taaaaan serena, taaaan bella y taaaaan bien educadita, que al calentón de una polla tiesa, aún sigue llamándolo "deseo" (y hasta lo susurra para que resulte aún más fino y tierno).
Y el Indio pide que follen (para que dejen de dar por culo) y sigue limpiando y dejándolo todo como una patena. Y cada día resulta más descojonante, recordándome cada vez más a aquella esperanza (poco blanca) que llegó hace más de un mes a las puertas de la Mansión. Jhota sigue siendo Jhota (con o cual ya está todo dicho) y en esa casa, excepto él (a veces) y algún breve conato de riña, todo parece una balsa de aceite que desaparecerá el jueves con la reunificación.
Y en la casa de colores Xxarito, empieza a soñar con su suegra, mucho más clásica que ella (lo cual no deja de ser una forma fina de decir que cuando la nena llega a casa de su Rubencito, la señora le demuestra claramente que piensa que se viste como una puta). Y la de Cái se ralla y se ralla y se ralla, mientras su maromo trata de que no se le vaya la cosa de las manos y la imbécil de su novia no le joda el guión. Pero el papel comienza a resquebrajarse y Ficus ya se atasca con alguna de las líneas de los diálogos. Y Marta, bien zorra y ladina, intenta venderle la pena del contacto y los mimos que le faltan, mientras él mira de reojo, no sea que en el umbral de la puerta, aparezca de pronto su pirada novia, tomando apuntes para el habitual show de la medianoche.
Y nadie se fía de Terry (el que menos el Ficus, que le miente a la cara en otro ejercicio más de bienquedonismo y casi le jura por su santa madre que la de la canaria para él, es palabra de Dios). Y la "trabada", no tiene mono, tiene un gorila "loco" del tamaño King Kong. Y sólo Patri la soporta, porque Vocecita desde que dejó de cantar, parece la más lista, observadora y cuerda de la función.
Y Arturín ama a Yago (loca y desesperadamente) pero aún no está preparado para decírselo (ni para presentárselo a su madre). Pero Yago no ama a nadie, porque nadie merece siquiera ser amado por "El Mejor". Y Pepa ya no es Pepa, ni se la espera (para lo que le queda en el convento) y ya sólo parece una pobre y derrotada señora mayor (mucho mayor de lo que realmente es, por cierto).
Y ya sólo queda esperar el hermanamiento (vamos, la reunificación) para ver si de una vez por toda, la horchata que muchos de estos elementos (terriblemente autocontrolados), termina por dar paso a alguna guerra abierta, en la que el trasvase continuo de ratoncillos de uno a otro lado, no impida forjar odios y estrategias más estables y asentadas. Porque a pesar de que la diversión siga siendo una constante, creo que ha llegado la hora del cambio, de dejar ya a un lado los esperimentos y de que el tradicional juego de todos contra todos, tenga por campo de batalla una sóla casa común.
Básicamente porque si no, empezaré a repetirme mucho más de lo que ya lo vengo haciendo últimamente. Porque no es que no haya cosas que contar cada día. El problema es que me resulta complicado seguir hablando casi de lo mismo. Otra cosa es que me siga divirtiendo (y mucho) verlo cada día, aunque no haya nada nuevo bajo el sol.