martes, 7 de diciembre de 2010

Kim de la India.

Supongo que es la guerra absoluta (de baja intensidad, eso sí, sin carnicerías frontales y demasiado visibles) y que por fin ha estallado todo aquello que la reunificación prometía. Y que de ser listo y saber mover sus fichas, Yago podría salir bien parado y sin apenas rasguños si consiguiese quemar un par de sus peones, sin pestañear como está haciendo ahora mismo con el zoquete del Doshostias (Arturín, que en menos de 24 ha pasado de amenazar con meter tres, a rebajar el tono, al menos en el número, ya que comentaba que la peña que le conoce fuera debe de estar flipando, porque por menos les había dado dos hostias a ellos). Y no es que Yago envíe al otro hacía el patíbulo (que sus estrategias de andar por casa no dan para ello), sino que el zorolo se basta y se sobra para enterrarse solito.

Y bien sabe dios que a estas alturas del partido, me encantaría poder tener el santo moro de montar una película de gangsters de segunda fila, tipo Soprano o Scorsese, con historias sórdidas, llenas de navajas afiladas que se cruzan a medianoche en callejones oscuros. Una historia de putas víboras, de puñaladas traperas que dejan sangre goteando en charcos llenos de orines. Un cuentito de traiciones y mentiras, lleno de escaramuzas truculentas y pasiones incontroladas. Pero esto no da para más que para lo que da. Y estos mafiosillos de pacotilla, sólo dan para la chusca (e interesantísima) historia que estamos viviendo. Pero sin alardes ni intentos ridículos de literatura barata.

Eso sí, aquí tenemos de todo, no podemos quejarnos en ese sentido. Y en contínuo movimiento. De esos en los que si parpadeas, a lo mejor te pierdes un buen rato por el camino (contando también lo que nos cortan), aunque al final, como todos cuentan a todos todas las historias, acabas encontrando el sendero que habías perdido.

Y cada uno de los personajes, tiene una parcela de interés digna de mención, de tal forma que si su parte quedase eliminada del tablero, puede que el juego no perdiese ningún atractivo, pero desde luego no apetece que ahora mismo se vaya ninguno antes de tiempo (a escepción quizás del niño cantor y de la venezolana, los únicos que realmente aportan muy muy poquito).

Y puestos a destacar (por jugar un poco y llenar unas cuantas líneas) algo por encima del resto, me quedaría con esa especie de adoración casi mística que muchos sienten hacia Yago, un tipo que por mucho brillo que lleve en el caparazón (que lo lleva y que si no abriese la boca nunca, pasaría por un estratega a la altura de las circunstancias o cuando menos, por un tipo enigmático y tremendamente atractivo, con sus poses casi de Príncipe de los Ladrones), no deja de ser un fantasma de quinta, bastante ruín y deleznable en sus actitudes de desprecio continuo hacia todos los demás, a los que demuestra ver como mierda que no le llega ni a la suela de esas botas con alas con las que parece sentirse, casi como Cristo caminando sobre las aguas (vale, ya sé de sobra que el Nazareno, no llevaba otra cosa que no fuesen unas simples sandalias).

Pero si Yago es la nada, envuelta en un bonito disfraz que le hace parecer algo especial, el protagonista real de la función (y el que si sabe moverse puede obtener un botín suculento, aunque corra el riesgo de parecer simplemente un trae y lleva de cuarta), para mí y a día de hoy, es ese genial indio, que parece salido de alguna antigua peli de Raoul Walsh, un pícaro de primera ejerciendo de secundario de lujo en alguna de Billy Wilder, con su carita de ratilla, sus aires de vende relojes (falsos) eterno y su peculiar forma de entender la justicia y el juego limpio (dícese de aquél en el que él nunca salga nominado). Ese Anup que, herido de muerte en la noche del jueves por la "traición" de Catha (ese mueble que le nominó para no quedar ella nominada... si será pérfida la chama), cayó esa misma noche rendido en los brazos de ese Yago que le prometió todo lo que sus ojos alcanzasen a ver (o sea protección en las nominaciones), si postrándose ante él, le adoraba (vamos, si no le nominaba a él y entraba en su grupo, que por mucho que uno quiera, las tentaciones bíblicas, aquí están muy traidas por los pelos). Ese "tig-ggre africano" (que dice que el gallego es como una pantegga neggraa que reparte sus secos y mortales zaggpazos en la oscuggidagg, sin pggrevio aviso) que lleva opositando desde la noche aciaga en la que se sintió abandonado y traicionado por su grupo (por haberle nominado en un concurso en que la casi única obligación que tienen los ratoncillos es la de nominar), a Master del Universo de los Conejitos Duracell, repitiéndole cada minuto de cada día a cada uno de los habitantes de la casa, cada una de las milongas explicativas del por qué de su actitud y cada uno de los reproches que tiene para cada uno de ellos (lo que él llama ig diciendo las cosas a cada uno, uno pog uno).

Y así lleva desde el jueves, declarándose abiertamente del grupo de Yago (porque no se oyen gritos, no hay ggisas infantiles y la gente le acogió cuando los suyos le dejagggon sólo), pero dándoles la brasa (pidiendo y dando las mismas explicaciones cada noche y día) a los del otro bando, y llevándoles luego a los suyos (de momento), cada uno de los detalles que los otros le han contado en sus conversaciones.

Vamos, lo que comunmente se conoce como traer y llevar mierda, por mucho que él lo disfrace de sinceridad y claridad diáfana y cristalina.

Y verle en acción, es una gozada tan grande y un descojone tan inmenso que, lo único que deseo para este jueves, es que nadie cometa la torpeza de intentar echarle a la puta calle. Porque los otros tres nominados, pueden ser contingentes (más Dámaso que ninguno, que ya ha dado todo de sí), pero Anup, en este momento, es el único elemento necesario.

PD.: Sólo un apunte de lo poco que se necesitan los idiomas para viajar de gorra por Europa a cuenta de la famosa beca Erasmus. El ficus, llama a la consola (y ahí le sale todo lo racial que lleva dentro) "la pleiteichon tré". Sobran cualquier otro tipo de comentario.