jueves, 9 de diciembre de 2010

Brácula: Condemor II.

Anup: ”Ven Patgri… el Amo quiegue hablag cóontigo…”

Le faltó al indio tunear mínimamente su frase (dijo “Yago”, no “Amo”), para que esa escena a lo Bram Stoker de cuarta (con Patricia ejerciendo de damisela asustada, Anup de Renfield escuchimizado y ladino y Yago de vampiro cadavérico, que despacha desde su ataud, con los distintos siervos que vienen a rendirle pleitesía y a presentarle sus respetos), fuese el perfecto ejemplo explicativo del por qué de la mezcla de fascinación reverencial y temor que todos los habitantes de la casa sienten hacia el señor Hermida (fascinación que en el exterior se mezcla con odio casi a partes iguales, pese a que el chaval es lo que se ve y tampoco da para grandes guiones, mucho menos para una novela de Ellroy o similares, ni aún escrita en una noche de tormenta después de una mala digestión producida por una copiosa cena). Pero ya se sabe que en el país de los ciegos, el tuerto es el rey y personalmente, confieso, que el tipo me resulta cada día más atractivo (a medida que, curiosamente, su aspecto físico cada vez me resulta más enfermizo y desagradable) y albergo la esperanza de que, aún saliendo nominado hoy (pese al cómico y esperpéntico espectáculo de "pelillos a la mar", bañado en falsos abrazos y promesas de no agresión, que por parte de todos los bandos se ha escenificado ayer y hoy, Marcelo le odia y la mayoría del otro bando, seguro que le “regala” algún punto), el público “soberano” (supongo que actualmente se le llama así porque la mayoría de sus decisiones las debe de tomar con media botella del conocido coñac encima) no ejerza su aburrida ceguera habitual no le ponga en la puta calle, por bien del espectáculo y del entretenimiento.

Porque, sí, es cierto, Lydia, puede ser una niñita muy buena y muy dulce, pero sólo de imaginarme tres como ella en esa casa, me despierta las ganas de pegarme un tiro. Y tipos como Ruben (por muy lúcida y coherente que sea su postura actual, de las pocas, por cierto cuando todos se están retratando mucho más falsos aún de lo que se les había visto hasta ahora), me merecen muy poca confianza (me es imposible fiarme de un tío que, por muy jodido que esté, renuncie a darse una ducha con su novia, salvo que sea todo lo maricón que aparenta y más… dudo que se hubiese negado si la ducha se la hubiese propuesto “su” Yago) y me aseguran aún menos diversión. Y Laura cada vez me da más asco (con esa imagen de niña estúpida en la que parece haberse instalado mientras le dure la tontería de su amor en las nubes). Y mierdas como Jhota o Terry, sólo me dan ganas de “invadir Polonia” o de buscar en Internet un buen tratado sobre la Inquisición. Y vale, aún me quedaría Marta, pero me temo que es demasiado real, normal y sincera (y coherente, junto con el Ficus, por no regalar abrazos falsos de cara a salvar su culo), como para que guste a la patulea habitual que decide en este tipo de ferias.

Y poco más que contar. Ayer como cada día previo al semanal Día D, la función que tocaba era el habitual Frank Capra, plagado de buenos sentimientos, mejores intenciones y hasta sentidos y llorosos actos de contrición, como el del Retrasadodelagorra (ese que habla raro, no se sabe si porque se esfuerza o porque la madre naturaleza y el sabio dios, decidieron con muy buen criterio que, para rebuznar, tampoco hacia falta que el asno vocalice mucho), que se puso a llorar (y trabajo le debió costar montar el número y tratar de resultar medio creíble para los incautos tipo Milá; el esfuerzo hay que reconocérselo), pensando en la imagen que su pobre madre y el Pueblo Español en general (y en masa, como un todo que cada jueves se congrega como un solo alma frente a la pantalla batiendo cada semana todos los records de audiencia), pueden estar haciéndose de él, cuando en realidad, el niño es un cacho de pan (total porque amenaza un poquito con enviar a algún amigo suyo a que te pinche las tripillas).

Y claro, Charini (por no quedarse atrás y que nadie le arrebate su trono de falsa oficial), ahora resulta que vuelve a querer a Laco (La Coja chunga, por aquello de acortar) y esta le dice que aquella, para ella siempre fue lo más. Y luego se abraza a Jhota (y el pobre Ficus, no vomita porque ni para eso tiene arte el jodio y siempre se lo guarda todo para dentro). Y Yago Condemor (de profesión, político engaña bobos), empieza con un simple abrazo para enfriar las hostilidades y acaba partiéndole jamón a su reencontrada amiga Laco, que se moja las bragas hasta chorrear, sólo de sentirle cerca y verle medio sonreír, mientras la mira a ella y sólo a ella (e imagina seguramente, para ayudarse en el papel a interpretar y resultar cercano, cómodo y alegre, que la está descuartizando viva o que se está follando a la Sirenita por todos sus orificios corporales… o al revés, vaya usted a saber).

Y como en el fondo, el pariente tonto de Lestat (Condemor), ha sido lo suficientemente listo como para mover todos los hilos desde las sombras (o sea, desde su cama) y enviar siempre a sus peones a primera línea de fuego, para que los destripe el enemigo, pero sin dejar constancia evidente de quién es la mano que mece la cuna (de la guardería), se ha asegurado que, aunque él pueda estar en la palestra en esta ocasión, Chari fijo que le acompañará. Y en este país de pandereta que sigue oliendo a ajo y a queso rancio, siempre ha sido primordial el quemar a las “putas” mucho antes de encender la hoguera contra sus hijos.

Así que, una vez que esta noche salga el zoquete de la “borregoborroka”, Condemor podrá seguir jugando a la estrategia del pobre, quince días más.

Eso sí, por mí, ojala pueda seguir jugando aunque sea con esta falta de huevos y de ambiciones más altas, hasta que se termine la película.

(Y sí, los de abajo, son Yago y su Arturín del alma).

miércoles, 8 de diciembre de 2010

El señor de la guerra.

El problema no es que Terry sea coja o lo deje de ser. Su puto problema es que es una niñata absurda, consentida y con menos educación que un mono despiojándose en una jaula. Que sus constantes chillidos y graznidos, espantan y sacan lo peor de mí cada vez que la escucho entrando en brote. Y que cada vez que la veo haciendo de las suyas y lanzando mierda contra todo bicho viviente que no le baile el agua, me entran ganas de pegarle una patada en el coño y enviarla para su puta casa sin billete de vuelta.

Tampoco es un problema el que Jhota no sepa hablar y al hacerlo, más que un estúpido e improbable híbrido entre Vallecas y Puerto Rico, lo que parezca sea un pobre imbécil con un evidente grado de retraso. Tampoco lo es el que sea un bocas bravucón y amenace (bien protegido por los de arriba que nos niegan esas imágenes) con que su colega el Moja, le reventará la tripa a Rubén cuando salga a la calle. Básicamente porque el tal Moha (que me supongo que es con “h”), o será otro piltrafilla como él (al que toda la fuerza se le va por la boca) o no será tan rematadamente imbécil como su amigo. El puñetero problema de este tipo, es más bien que es un niñato, pegadito aún a las faldas de mamá (que le hace las comiditas para que al nene no le dé asco), con un complejo de Edipo galopante y mal disimulado, y con un tono de voz y una capacidad para escupir por minuto paridas de la peor especie, mientras una panda de cretinos a los que tiene medido acojonados (dios sabe por qué), se callan como putas para que el imbécil no se cebe en ellos y no los escoja como su siguiente objetivo.

Aunque el problema real de todo esto, es que viendo lo que hay en cada barrio, no me queda más opción posible que, contradecirme una vez más (y las que me quedan) y quedarme a muerte con Yago (y con Chari, Anup y Marta, por descontado).

Y bien sabe dios que el gallego, siempre me ha parecido un tonto a las tres tremendamente sobrevalorado por los que siempre quieren ver oro donde sólo hay serrín. Pero es que visto lo visto en el otro bando, no me quedan más cojones que tomar partido por él, aunque sólo sea por el simple hecho de que es el único que realmente me está proporcionando diversión, aunque quizás su único mérito sea tener un par de neuronas en un puto erial en el que la única que tienen la mayoría de los otros (y me temo que debe ser incluso comunitaria), les sirve escasamente para no rebuznar directamente y para no ir cagándose encima según van caminando.

Y reconozco que me gusta ver a este aprendiz de estratega, bajando al barro, fajándose (a su modo) con esa chusma a la que desprecia (sentimiento que empiezo a compartir y a entender), escupiendo odio y vomitando bilis, lanzando cuchilladas casi sin inmutarse, pero sin poder disimular tampoco, esa mirada de puto pirado medio demente, que parece capaz de descuartizar a su madre y tomarse después tranquilamente un café, con las manos aún cubiertas de sangre fresca. Me encanta ver como provoca (conscientemente) el llanto falso de una Patricia que llora sin una sola lágrima y como después la remata en público, ante la pasividad general de todos aquellos a los que se les llena la boca diciendo lo mucho que quieren y defienden a Vocecita (en privado, eso sí, cuando el gallego no los mira).

Y me encanta verle dormir en el suelo, con ese rostro cada vez más cadavérico de loco enfermo, como si fuese un zombie a punto de salir de su ataúd de madera, dispuesto a devorar los higadillos del imbécil de turno, flanqueado por esos dos zoquetes (Arturín y Ficus) que le siguen como dos putos monos sonados, siempre atentos a cualquier deseo u orden que al jefe se le pueda ocurrir sobre la marcha. Y me encanta ver a Chari, calentándose como un perra, imaginando lo hijo de puta que puede llegar a ser el tipo cuando se enfade de verdad, pero también atenta por si interesa rebanarle el cuello a la menor oportunidad, cuando ya no le interese seguir a su lado o no favorezca a sus fines. Y sobre todo me encanta (sí, otra vez), verle a él junto al indio, planeando estrategias (sin mucho sentido) en la serenidad y la tranquilidad de la suite real, ocupada por Gran Rey y Su Corte de lacayos.

Nada me complacería más que verle derrotar sin apenas esfuerzo a la estupidez aburrida e infantil que representan esos elementos cansinos, insulsos y anodinos que viven temerosos y envidiosos al otro lado (los citados Terry y Jhota y esos dos pipiolillos que apijotan a cada segundo a pasos agigantados, o sea, Marcelito y esa Laura que pierde puntos cada día que pasa). Aunque luego al final no se llevase el premio (cosa que tampoco me importa, porque a día de hoy, prefiero que lo gane Marta o en su defecto esa Sirenita que supondría, si llegase a coronarse Reina, probablemente la ganadora más atípica de la historia de Gran Hermano). Pero creo que el gallego se merece una victoria contundente sobre el otro bando, porque nada me jode más que ver como meten en mi casa a pedazos de mierda del perfil de la canaria y el vallekano. Putos retrasados que esólo saben chillar como cerdos camino del matadero, mientras entonan canciones tan estúpidas como sus aires de monos reconvertidos en payasos de colorines, más propios de guarderías y de jardines de infancia para tarados que de un programa que (aunque muchos lo consideren una puta mierda) debería tratar de no parecer un reunión de gilipollas ataviados con estúpidas gorras de colorines cantando canciones de campamento y tratando de parecer los más malos.

martes, 7 de diciembre de 2010

Kim de la India.

Supongo que es la guerra absoluta (de baja intensidad, eso sí, sin carnicerías frontales y demasiado visibles) y que por fin ha estallado todo aquello que la reunificación prometía. Y que de ser listo y saber mover sus fichas, Yago podría salir bien parado y sin apenas rasguños si consiguiese quemar un par de sus peones, sin pestañear como está haciendo ahora mismo con el zoquete del Doshostias (Arturín, que en menos de 24 ha pasado de amenazar con meter tres, a rebajar el tono, al menos en el número, ya que comentaba que la peña que le conoce fuera debe de estar flipando, porque por menos les había dado dos hostias a ellos). Y no es que Yago envíe al otro hacía el patíbulo (que sus estrategias de andar por casa no dan para ello), sino que el zorolo se basta y se sobra para enterrarse solito.

Y bien sabe dios que a estas alturas del partido, me encantaría poder tener el santo moro de montar una película de gangsters de segunda fila, tipo Soprano o Scorsese, con historias sórdidas, llenas de navajas afiladas que se cruzan a medianoche en callejones oscuros. Una historia de putas víboras, de puñaladas traperas que dejan sangre goteando en charcos llenos de orines. Un cuentito de traiciones y mentiras, lleno de escaramuzas truculentas y pasiones incontroladas. Pero esto no da para más que para lo que da. Y estos mafiosillos de pacotilla, sólo dan para la chusca (e interesantísima) historia que estamos viviendo. Pero sin alardes ni intentos ridículos de literatura barata.

Eso sí, aquí tenemos de todo, no podemos quejarnos en ese sentido. Y en contínuo movimiento. De esos en los que si parpadeas, a lo mejor te pierdes un buen rato por el camino (contando también lo que nos cortan), aunque al final, como todos cuentan a todos todas las historias, acabas encontrando el sendero que habías perdido.

Y cada uno de los personajes, tiene una parcela de interés digna de mención, de tal forma que si su parte quedase eliminada del tablero, puede que el juego no perdiese ningún atractivo, pero desde luego no apetece que ahora mismo se vaya ninguno antes de tiempo (a escepción quizás del niño cantor y de la venezolana, los únicos que realmente aportan muy muy poquito).

Y puestos a destacar (por jugar un poco y llenar unas cuantas líneas) algo por encima del resto, me quedaría con esa especie de adoración casi mística que muchos sienten hacia Yago, un tipo que por mucho brillo que lleve en el caparazón (que lo lleva y que si no abriese la boca nunca, pasaría por un estratega a la altura de las circunstancias o cuando menos, por un tipo enigmático y tremendamente atractivo, con sus poses casi de Príncipe de los Ladrones), no deja de ser un fantasma de quinta, bastante ruín y deleznable en sus actitudes de desprecio continuo hacia todos los demás, a los que demuestra ver como mierda que no le llega ni a la suela de esas botas con alas con las que parece sentirse, casi como Cristo caminando sobre las aguas (vale, ya sé de sobra que el Nazareno, no llevaba otra cosa que no fuesen unas simples sandalias).

Pero si Yago es la nada, envuelta en un bonito disfraz que le hace parecer algo especial, el protagonista real de la función (y el que si sabe moverse puede obtener un botín suculento, aunque corra el riesgo de parecer simplemente un trae y lleva de cuarta), para mí y a día de hoy, es ese genial indio, que parece salido de alguna antigua peli de Raoul Walsh, un pícaro de primera ejerciendo de secundario de lujo en alguna de Billy Wilder, con su carita de ratilla, sus aires de vende relojes (falsos) eterno y su peculiar forma de entender la justicia y el juego limpio (dícese de aquél en el que él nunca salga nominado). Ese Anup que, herido de muerte en la noche del jueves por la "traición" de Catha (ese mueble que le nominó para no quedar ella nominada... si será pérfida la chama), cayó esa misma noche rendido en los brazos de ese Yago que le prometió todo lo que sus ojos alcanzasen a ver (o sea protección en las nominaciones), si postrándose ante él, le adoraba (vamos, si no le nominaba a él y entraba en su grupo, que por mucho que uno quiera, las tentaciones bíblicas, aquí están muy traidas por los pelos). Ese "tig-ggre africano" (que dice que el gallego es como una pantegga neggraa que reparte sus secos y mortales zaggpazos en la oscuggidagg, sin pggrevio aviso) que lleva opositando desde la noche aciaga en la que se sintió abandonado y traicionado por su grupo (por haberle nominado en un concurso en que la casi única obligación que tienen los ratoncillos es la de nominar), a Master del Universo de los Conejitos Duracell, repitiéndole cada minuto de cada día a cada uno de los habitantes de la casa, cada una de las milongas explicativas del por qué de su actitud y cada uno de los reproches que tiene para cada uno de ellos (lo que él llama ig diciendo las cosas a cada uno, uno pog uno).

Y así lleva desde el jueves, declarándose abiertamente del grupo de Yago (porque no se oyen gritos, no hay ggisas infantiles y la gente le acogió cuando los suyos le dejagggon sólo), pero dándoles la brasa (pidiendo y dando las mismas explicaciones cada noche y día) a los del otro bando, y llevándoles luego a los suyos (de momento), cada uno de los detalles que los otros le han contado en sus conversaciones.

Vamos, lo que comunmente se conoce como traer y llevar mierda, por mucho que él lo disfrace de sinceridad y claridad diáfana y cristalina.

Y verle en acción, es una gozada tan grande y un descojone tan inmenso que, lo único que deseo para este jueves, es que nadie cometa la torpeza de intentar echarle a la puta calle. Porque los otros tres nominados, pueden ser contingentes (más Dámaso que ninguno, que ya ha dado todo de sí), pero Anup, en este momento, es el único elemento necesario.

PD.: Sólo un apunte de lo poco que se necesitan los idiomas para viajar de gorra por Europa a cuenta de la famosa beca Erasmus. El ficus, llama a la consola (y ahí le sale todo lo racial que lleva dentro) "la pleiteichon tré". Sobran cualquier otro tipo de comentario.

lunes, 6 de diciembre de 2010

La gran familia.

Ya sé que ya no son horas, debe ser que son alardes. Pero el fin de semana ha estado lleno de todas esas tramas múltiples que se entrecruzan y que no hace más que confirmar que, el que no se enganche este año será por motivos subjetivos y personales, pero no por casting (uno de los más ricos, complejos y variados de todas las ediciones), ni por historias variadas e interesantes (el fin de semana, desde la unificación del jueves, está plagado de ellas). Y como siempre suele suceder, lo mejor en mi caso es tirar por la calle de en medio y evitar enfrentarme al ejercicio inútil de tratar de narrar algo claro y coherente.

Lo que sí que lamento de verás es que el público, una vez más decida ejercer de juez y empuñando la espada del castigo y la vengaza, y vuelva nuevamente a cargarse a uno de los que más espectáculo están dando dentro.

Hablo de Arturín Treshostias (método por el cual arregla el vasco en la calle todas sus disputas, según le comentaba hace un momento a Lydia y a Catha, sufridoreas y pacientes asistentes obligadas a una de las matrakas que Meadoro impartió esta mañana), esa especie de borderline norteño que, de no haber sido porque, seguramente, en ETA piden un test teórico para ser miembro de la banda, ahora mismo estaría quemando autobuses o enviando comandos a Lepe o (casi más acorde con su capacidad), arrimando el hombro en plena borregoborroka (que lo de Kale me parece que es menos apropiado para él).

Y es que en esta fascinante historia de mafiosos chuscos en la que Yago, sería más bien Toni Leblanc en "Los que tocan el piano", Arturito el Pazos de turno (cagándola continuamente),Anup y Jhota los pringados coprotagonistas de cualquiera de los tres Torrentes (de Cámara a Gabino Diego, cada cual que escoja el suyo) y Terry una especie de Mari Sampere en "Patrimonio Nacional", zafia y vengativa, es a día de hoy el vasquito el que nos está regalando los mejores momentos en ese papel de naziecologistapazyamor, siempre sobrado, siempre en posión de la verdad absoluta, capaz de dejarnos frases para la historia que, de tan incontables y contínuas, me veo ahora mismo en la imposibilidad de recordar ninguna (al menos de forma literal).

Y el Indio, otro personaje fundamental donde los haya, hipoteca parte de su escaso crédito exterior (porque la peña está ciega y además es imbécil), llorando las penas de sentirse traicionado, acercándose continuamente a unos y a otros (para sonsacar y tratar de quedar de sincero con todo el mundo) y jurando hermanamiento eterno con Yago El Divino, mientras Ruben cada día disimula peor el enamoramiento profundo y las pasiones ocultas y jamás confesadas que el gilipollas supino del gallego despierta en él (y que le hacen reir y empler un tono cercano, amigable y cómplice cuando están los dos sólos, que jamás ha rozado siquiera estando con su presunta novia).

Novia pirada que vaga de barra en barra, trayendo, llevando, liando, inventando, contando verdades casi a pie juntillas, excepto en la parte que adorno y edulcora convenientemente, para no quedar ella mal en ningún momento, situación o lugar.

Y mientras, unos y otros (casi todos), toman partida abiertamente, sacando la mierda del armario y aireándola sin pudor. Y sólo unos pocos, más cautos como Lydia, permanecen en segundo plano, sin armar demasiado ruido, pero mojándose sin estridencias cuando toca, ganando puntos día a día (y tomando muuuucha ventaja en una carrera que, es cierto, es de fondo) y demostrando que, la en apariencia más tonta y cortita, es casi la única con dos dedos de frente en esta función.

Y las moscas se mueven, en torno a las dos moscas reinas (Yago y Caderatxunga, como dice el tonto del otro), dispuestas en su mayoría a apoyar a sus líderes temporales, siempre y cuando interese y convenga a sus fines. Pero cambiando la trayectoria del puñal, en cualquier momento y sin dudar, cuando ven que apuñalar al supuesto compinche es lo más productivo para su estrategia personal. Supongo que es la actitud más lógica y coherente en un juego en el que sólo cuenta ganar y en el que todo el amor y la presunta amistad es cartón piedra que se lleva una simple ráfaga de aire. Un juego plagado de lobos de cuarta, tremendamente torpes, pero enormemente divertidos y hasta tiernos en ocasiones (precisamente por lo zafios y burdos que pueden llegar a ser). Un juego fascinante de medias tintas, escasas pelotas, muy muy pocos gritos y mucha mucha tela que cortar.

Se que el vasco está ya en la calle, pero sólo espero que el siguiente en irse sea uno de los muebles (Dámaso o Catha) por ejemplo y no nos vuelvan a privar una vez más de la juerga sana, en pos de una supuesta justicia divina, aplicada de forma torpe, aburrida y tremendamente humana por todos aquellos que no han entendido aún que esto es una simple mentira con el único fin de divertir y hacer olvidar.

viernes, 3 de diciembre de 2010

El iluminado de Dios.

No me voy a enredar mucho hoy. Es viernes, estoy muerto de toda la semana, y la gala de ayer, aún siendo menos insoportable que la pasada (ese hito era difícil de superar), también me invitó a la cabezada (breve) al menos en un par de ocasiones.

Así que... el tonto está en la picota y el jueves, tendremos lapidación del sobrao en la plaza pública. Lástima que las entrevistas duren cinco minutos de mierda y poco más, porque lo cierto es que disfrutaría viendo al cretino de Arturín, cagarse en los pantalones durante al menos un cuartillo de hora, mientras mamá Milá (lo de su puta obsesión con el tábaco debe tener alguna connotación fálica, si no no se entiende bien) lo masacra y le saca los ojos para el deleite de unos cuantos.

Eso sí, no creo que el zopenco consiga batir el record de Nagore (aunque esta había hecho muchísimos menos méritos que este ejemplar), pero espero que haga una buena marca. Marca de la que, por supuesto, no aprenderá nada (y se seguirá viendo a sí mismo como el puto ombligo del mundo). Y lo que también espero (y lo voy a disfrutar con ganas) es la lenta semana de agonía posterior que le espera al borrego "modas en milán" líder del minirebaño (estoy hablando de Anduriño, como diría nuestro Ministro... cuando hay motes cojonudos, pa' que buscar motes nuevos). Aunque mucho me temo que el Gran Estratega, es tan rematadamente imbécil, que quizás pueda pensar que su lacayo se ha ido a la puta calle, simplemente por haber entrado de reserva.

Pero aún así, la agonía puede ser deliciosa. Y verle pelotear y arrastrarse como un gusano con los nuevos compis (que lo va a hacer y que ya lo empezó a hacer anoche, reclamando cada poco la atención de Anup, que ni lo miraba la mitad de las veces, porque tiene calado al elemento de sobra), va a ser sin duda, lo más divertido de la quincena en la que entramos (o de incluso el mes completo, porque este es capaz de medrar y de lamer los culos necesarios, para volver a librarse de la nominación dentro de siete días y así poder mendigar unos 300 o 400 eurillos más...).

Joder, hotia puta, qué mal pagan en las pasarelas de Milán últimamente que hasta los más grandes se ven obligados a esto...

Aunque claro, si de mí dependiese, ni este cretino, ni el cretino Alfa se irían antes de la semifinal. Básicamente porque es una delicia para el espectador tener a dos tontos como estos las 24 horas en la pantalla, para poder reirte de ellos y desearles toda clase de males. Un poco como la versión actual de clásico circo de Roma, sólo que estos dos ni para dar de comer a los leones servirían.

Y por lo demás, lamentar una vez más la (cantada) ceguera de los escasos votantes, que pusieron en la calle a uno de los elementos más interesantes de esta edición, mientras una auténtica planta de plástico (la Mogollón) tiene pinta de seguir ahí dentro por los siglos de los siglos.

Y poco más nuevo, que es viernes, estoy cansado de escribir y lo de ayer no dió para más (ni siquiera ese supuesto montaje de la nueva casa, que resultó al final, tremendamente deslucido).

Eso sí, la semana promete con lo de la reunificación y yo, para que negarlo, estoy relamiéndome de gusto al imaginar el momento en el que Terry y el mierda de Jhota acaben sacándose los ojos.

Que llegará.

Actualización: Por cierto, que ya no lo recordaba. HE SOÑADO que este año en Diciembre (sí, no flipeis, que es cierto que lo he soñado), hay gala de Halloween.

jueves, 2 de diciembre de 2010

Cielo sobre Berlín.

En realidad, afuera nieva, con lo cual, es tan maravilloso ver como todo se pinta de blanco que, lo demás, importa bastante poco.

Aún así, y aunque haya poco o nada nuevo que contar, hay que tratar de rellenar un poco el espacio que hay justo encima de la primera foto del día. Así que vamos a ello.

Es divertido ver como los ratoncillos siempre están mucho más activos los miércoles. Todos se mueven y muestran sus mejores sonrisas, buscan amiguitos nuevos y apuñalan a los que hasta hace pocas horas eran sus "amigos para siempre". Es tiempo de campaña electoral y sobre todo de medrar y reptar para salvar el culo. Nada de esto es nuevo, año tras año, aunque los actores cambien, la función del día previo a la gala, es idéntica. Y aprovecho aquí para recordar (con cariño del bueno), a aquella Gisela de GH10, que convirtió esta práctica en un arte, con sus gloriosas y casi míticas tournes de simpatía, en el día anterior a que sus compañeros de encierro (y ella misma, claro), tuvieran que nominar.

Lo cierto es que ayer, Terry era pura simpatía (y no, nada tenía que ver algún cigarrillo que otro, loco, es que la niña es así, tooooooda sincerota pero con un corazón cinco estrellas...) y Yago odiaba a Marta (porque decía que la otra ya no le hablaba por haber votado el filósofo por no comprar tabaco). Así que la gallega, vagaba ojerosa por las estancias de la mansión, casi como un espíritu victoriano (o más bien como una integrante de la Santa Compaña, que es una comparación mucho más patria y racial). Y Pepa, que parecía que había rejuvenecido un poco (pero no lo suficiente como para recuperar los 20 años que parecen haberle caído desde que el jueves pasado), aprovechaba para hacer piña y sumarse a la confección del traje que este nuevo Ilustrado Gallego, le dedicaba a su paisana. Arturín, seguía haciendo méritos para el premio al tonto del Siglo y proclamaba aquello de que para él "respeto es uuuuhhhhgrrrrrr" (casi literal) y Terry (creo) le había faltado al mismo (en repetidas ocasiones, mire usted). Y en la tarde noche, la pareja (Anduriño y Meadoro, coyright de nuestro amadísimo Ministro) de amantes (no carnales si no "plutónicos", que se dice de aquellos mongolitos que demuestran su amor sólo con las miradas, aunque no hayan llegado, todavía, a jincar), se esforzaban solitos en su cuarto en generar videos de esos a los que se entregan "ensinparar", demostrando que Nagore y Juanito habían dejado un listón difícil de superar, pero que los nuevos, siempre pueden acabar sorprendiéndonos.

Y mientras en la otra casa (y ya me perdonará el respetable que mezcle hechos de días diferentes al tuntun, pero bueno, como el resumen diario ha abierto la veda para saltarnos por el forro de los cojones cualquier cronología, no voy a ser yo menos). Lydia, con su habitual picardias negro, se pintaba las uñas de los pies en el sofá. Y Marcelito (Elena Morado, de nombre artístico), no quitaba los ojos de los pies y los muslos de la niña de Papi, mientras se abrazaba a esa Laurita que no se entera de nada o no se quiere enterar. Y Dámaso monta el número porque el Malaguita (que a cada paso denota una creciente homofobia o quizás simplemente antipatía por el Coplas), le menta a su Manolo (que debe ser la versión folclórico-manchega, del tradicional mentarle a uno a la madre) y por lo que puede llegar a pensar el representante del artista (que según él, debe estar enganchado al 24 horas como un adicto) si lo llega a ver.

Y los confesionarios de la Sirenita, delatan que de tonta tiene más bien poquito, y que la nena, sin alterarse por nada y aún viviendo perpetuamente en su mundo de paz y amor, sabe analizar perfectamente de que va la película, sin dejar de ponerle ojitos a la cámara, y mostrarse en todo su esplendor, para deleite de los habituales pajilleros de la realización.

Y hoy llega por fin la reunificación de las dos casas. Y creo que todo puede dar un vuelco necesario. Por fin los odios y las las alianzas, dejarán de tener esa temporalidad que propiciaba el continuo trasvase de ratoncillos de una casa a otra. Algo tremendamente interesante de ver y disfrutar, pero que ya comenzaba a dar síntomas de agotamiento. Hace falta que todos estén juntos, de manera estable y que puedan echar raices fuertes las antipatías y los acercamientos. Necesitamos como el comer ya, el formato clásico de una casa y un grupo de gente viviendo la misma historia, sin viaje alguno al mundo exterior que haga que todo resulte demasiado temporal.

Y esa película, por fin, empieza esta noche.

Y yo, me muero de ganas de ver cuanto tardan Terry y Jhota en sacarse los ojos.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Man on the moon.

El Coplas sueña con ser Miguel de Molina y cada día se esfuerza en parecer más maricón y afectado. Y le sale un acento de manchegona con el que no parecía haber salido de casa, hace ya casi mil años, cuando todavía era un tierno exseminarista que bebía los vientos por su Manolo Escobar. Ahora ya no sabe exactamente a qué carta quedarse y fuerza cada día una nueva situación (algún invento nuevo), para reclamar que los focos se fijen en él, ante el temor de pasar desapercibido en medio de la manada. Y parece que sólo esa Sirenita que aparentemente no se entera de nada, es capaz de decir en voz alta lo que cualquiera con dos dedos de frente percibe a la legua.

Mientras, Laurita y Marcelo no follan, no vaya a ser que el padre de la niña, vea a su florecilla gimiendo como una perra y le de por asaltar los "muros" de Guadalix para vengar la afrenta de su pequeña mancillada, descuartizar al malandrín y meterle un par de hostias a la niña pa' que sepa lo que vale un peine. Y de tanta tensión sexual no resuelta, tanta calentura no saciada y tanto dolor de huevos, nacen las primeras nubes negras que aparecen en los hasta ahora inmaculados cielos del paraiso. Y el número de la bestia es Celos666 (sobre el cual Xxarini podría hacer una tesis doctoral sin apenas esfuerzo), tiene acento neutro y cansino (de esos taaaan de Venezuela, chama) y es taaaaan serena, taaaan bella y taaaaan bien educadita, que al calentón de una polla tiesa, aún sigue llamándolo "deseo" (y hasta lo susurra para que resulte aún más fino y tierno).

Y el Indio pide que follen (para que dejen de dar por culo) y sigue limpiando y dejándolo todo como una patena. Y cada día resulta más descojonante, recordándome cada vez más a aquella esperanza (poco blanca) que llegó hace más de un mes a las puertas de la Mansión. Jhota sigue siendo Jhota (con o cual ya está todo dicho) y en esa casa, excepto él (a veces) y algún breve conato de riña, todo parece una balsa de aceite que desaparecerá el jueves con la reunificación.

Y en la casa de colores Xxarito, empieza a soñar con su suegra, mucho más clásica que ella (lo cual no deja de ser una forma fina de decir que cuando la nena llega a casa de su Rubencito, la señora le demuestra claramente que piensa que se viste como una puta). Y la de Cái se ralla y se ralla y se ralla, mientras su maromo trata de que no se le vaya la cosa de las manos y la imbécil de su novia no le joda el guión. Pero el papel comienza a resquebrajarse y Ficus ya se atasca con alguna de las líneas de los diálogos. Y Marta, bien zorra y ladina, intenta venderle la pena del contacto y los mimos que le faltan, mientras él mira de reojo, no sea que en el umbral de la puerta, aparezca de pronto su pirada novia, tomando apuntes para el habitual show de la medianoche.

Y nadie se fía de Terry (el que menos el Ficus, que le miente a la cara en otro ejercicio más de bienquedonismo y casi le jura por su santa madre que la de la canaria para él, es palabra de Dios). Y la "trabada", no tiene mono, tiene un gorila "loco" del tamaño King Kong. Y sólo Patri la soporta, porque Vocecita desde que dejó de cantar, parece la más lista, observadora y cuerda de la función.

Y Arturín ama a Yago (loca y desesperadamente) pero aún no está preparado para decírselo (ni para presentárselo a su madre). Pero Yago no ama a nadie, porque nadie merece siquiera ser amado por "El Mejor". Y Pepa ya no es Pepa, ni se la espera (para lo que le queda en el convento) y ya sólo parece una pobre y derrotada señora mayor (mucho mayor de lo que realmente es, por cierto).

Y ya sólo queda esperar el hermanamiento (vamos, la reunificación) para ver si de una vez por toda, la horchata que muchos de estos elementos (terriblemente autocontrolados), termina por dar paso a alguna guerra abierta, en la que el trasvase continuo de ratoncillos de uno a otro lado, no impida forjar odios y estrategias más estables y asentadas. Porque a pesar de que la diversión siga siendo una constante, creo que ha llegado la hora del cambio, de dejar ya a un lado los esperimentos y de que el tradicional juego de todos contra todos, tenga por campo de batalla una sóla casa común.

Básicamente porque si no, empezaré a repetirme mucho más de lo que ya lo vengo haciendo últimamente. Porque no es que no haya cosas que contar cada día. El problema es que me resulta complicado seguir hablando casi de lo mismo. Otra cosa es que me siga divirtiendo (y mucho) verlo cada día, aunque no haya nada nuevo bajo el sol.