Después de una eterna gala de casi cuatro largas horas (en las que alguien debió olvidar aquello de “lo bueno si breve…”) y tras unas absurdas nominaciones en las que parecía que todo estaba siendo improvisado sobre la marcha (supongo que algún día llegaremos al punto en el que los nominados salgan de la raíz cúbica de sus fechas de nacimiento elevada a la quinta potencia y multiplicada por el logaritmo neperiano de la suma global de los metros cuadrados del cuarto de baño…), el despropósito culminó con cuatro nominados, que podían haber sido otros e incluso los hijos de mis vecinos los del quinto. Pero para llegar a este final necesario tuvimos que recorrer un largo camino, que por causa del azar (la decisión final de Chari y Rubén sobre que puerta elegiría cada uno), truncó una historia medianamente ficticia sobre la cual se había tratado de sustentar estos cuatro días que llevamos de concurso.
Cualquiera que haya podido seguir mínimamente el 24 horas sabrá que la vida en esas dos casas no se ha reducido a esa presunta relación (totalmente inexistente: sólo ha habido un mero tonteo), entre Chari y Julio Feroz. Es más, exceptuando el primer día, casi estoy por afirmar que Chari ha tenido muchísima más relación con Jhota, por ejemplo, de la que ha tenido con cualquier otro miembro de la casa. Supongo que interesaba vender una historia cargada de morbo. Pero la conclusión que saco de todo esto, es que este país, siempre necesitado de una bruja que quemar, ya tiene la de este año.
Y la hoguera la encendió, casi sin previo aviso, esa suegra que sin cortarse un pelo, no dudó en llamar suelta a la novia (o lo que coño sea) de su retoño planta, ante la estupefacción y sonrojo de la pobre madre de la chica. Toda este telenovela (rancia y tópica como suelen ser todos estos engendros patrios), la culminó el presunto novio con una frase gallarda, racial y muy española, que lanzó al aire a modo de despedida (y con ese tono de ficus con el que se expresa el bueno de Rubén en plena fotosíntesis) y que fue más o menos algo así como: “Xari, aste ress petá”.
Y el caso, es que si ya me caía bien Chari (y de hecho se había convertido en mi gran favorita) con esta nueva obra de Producciones Torquemada (tan rancia y añeja como la colección de discos del Gran Dámaso), a partir de ahora y hasta nuevo aviso, soy de Chari hasta la muerte, y me batiré en duelo con cualquier malandrín que ose mancillar su honor.
Así mismo, menda también es de Julio, humillado y descangallado, expulsado del paraíso en la noche más negra que jamás pudo soñar vivir en esa casa. Y vuelvo a declararme Ferocista y sin tapujos, quizás porque el personaje (que si tuviese más mala leche, me recordaría cada día más a mi añorado Belushi), me inspira una profunda ternura, más allá de su tosquedad aparente. Ternura que dicho sea de paso, corroboró anoche enfurruñado como un niño, mostrándose como un pobre perrillo apaleado, rechazado por las churris, separado de sus Brothers y finalmente nominado, después incluso de haber tenido que disculparse por haber tenido que dormir (y tener que seguir haciéndolo) en un nicho de diseño y sobre un colchón del grosor del papel de fumar. Es de esperar, no obstante que la audiencia votante teniendo a tiro a un tipo tan antipático como Oscar, decida cargárselo de primeras y mantener en la casa al pobre Feroz.
Poco más destacable en esta gala (a la espera de que en las siguientes, lógicamente, el nivel aumente de forma considerable), si acaso, y puestos ya a hacer una última declaración, declararme también Jhotista (o casi mejor Jhotero), que uno siempre ha sido muy del “espatárrate Genara”). Básicamente por el mismo motivo de mi anterior “declaración”. Sin duda el momento más tierno de la noche (aparte de las sentidas lágrima de Chari tras despedirse de su novioplanta), fue el llanto sincero y espontáneo de un Jhota cuyo máximo deseo, era el de volver a juntarse con la rubia, a quien tanto cariño ha cogido en estos escasos días. Si alguien hasta el momento ha demostrado tener alma y capacidad de emocionarme en esta casa de la sierra, han sido estos tres personajes que, con todas sus miserias y defectos, se han mostrado más transparentes y reales que todo el resto de figurantes juntos.
Y parece que por fin, la partida ya ha empezado. Y estas primeras nominaciones traerán las primeras gotas de sangre. Ahora sólo falta ver las nuevas historias, desencuentros y alianzas que este nuevo orden empezará a mostrarnos en los próximos días. Se han roto las hostilidades. La pelota ya está en juego. Y la mezcla entre hombres y mujeres promete encontronazos, chispas y nuevos y recientes viejos aliados. De momento la casa de los Desheredados pinta mucho mejor que la de los Elegidos pero aunque parezca una contradicción, seguramente ahora mismo lo que más me interesa es ver a Jhota y a Chari estrechar aún más sus lazos, y sobre todo, observar y disfrutar de ese duelo de rubias macizas (la gaditana y la argentina), que ya rompieron sin tapujos las hostilidades nominándose mutuamente escasos minutos después de haberse conocido. Estas dos, si las cosas no se tuercen, pudiera ser que acabaran sacándose los ojos, más que nada por ver quien de ellas se convierte en la gallina reina del corral.
Sigo atento a la pantalla.
De momento, pinta de maravilla el juego.