Resulta tremendamente difícil (por lo menos para mí), soportar una gala de casi cuatro horas, tremendamente monótona una vez pasado su ecuador, sin dar alguna pequeña cabezadita. Y más difícil aún resulta aguantar una entrevista a un tipo tremendamente anodino (una absoluta nada) que, sin embargo, consiguió despertar mis simpatías, básicamente por el tono (totalmente estúpido, bravucón y fuera de lugar) de la misma. Me gustaría saber qué hubiese pasado si la entrevistada hubiese sido una mujer y el entrevistador un hombre. Y cuales hubiesen sido los comentarios del día después si dicho hombre se hubiese burlado de la mujer por llevar ésta totalmente ddepilado el coño (algo bastante común, por cierto, en ambos sexos, muy recomendable y tremendamente higiénico), comparándola con la piel de una gallina (o un pollo) desplumada.
Pero de la Señora, casi que prefiero no hablar más, porque me lo he propuesto, porque no tengo ganas de ponerme de mala hostia y porque a fin de cuentas, tampoco lo hizo mal el resto del tiempo (excepto esa puta entrevista en l que quiso quizás recuperar todo el protagonismo perdido, tratando de cebarse y humillar a un pobre imbécil).
Se salvó Feroz (casi casi por los pelos, porque la cosa, me da que anduvo muy muy jodida hasta casi el último momento) y eso, al menos para mí, es motivo de alegría y excusa inmejorable para montar una buena farra (o al menos tomarme un par de copas a su salud). Y se fue uno de esos muebles de Ikea del que, dentro de unos pocos meses (o incluso puede que antes de que termine la edición), me será difícil recordar siquiera su nombre. Y volvió a salir nominado el Gran Julio (cosa que se esperaba, al llegar a una nueva morada y ser por tanto un blanco fácil). Pero finalmente se volvió a salvar (algo también tremendamente previsible, ya que era evidente que el Malaguita, que cada día me gusta un poco más, por hijo de puta y tierno, le libraría de la quema).
Así que este juego (pelín absurdo, pero interesante, aunque previsible al menos en los comienzos de esta carrera de argo recorrido) nos dejó a cuatro nominados, dos de los cuales, para mí son imprescindibles ahora mismo (Patricia y Marcelo), siendo los otros dos (Mireia y Joaquín) a cada cual más antipático. Con lo cual por mí que se largasen cualquiera de estos últimos, aunque mucho me temo que unos cuantos cegatos, conseguirán dar con los huesos de Patricia en la calle, básicamente por el único delito de cantar cuando le sale de las mismísimas narices. Pero claro, muy poca gente tendrás la suficiente vista como para salvar a la Triunfita Frustrada (elemento desestabilizador y tocapelotas donde los haya y, por tanto, de importancia vital para romper de una puñetera vez las hostilidades en esta especie de Casa de la Pradera Siamesa a la que parecemos abocados en la presente edición) en vez de a esa versión chusca de Arturo Fernández (Joaquín, ese galán de cuarta que se cree que la barra del bareto es suya) que, como bien adelantamos en este mismo blog antes de que se viesen las imágenes (podeis seguir sin agradecerme nada, ya me voy acostumbrando), protagonizó el primer edredoning (o semiedredoning) real de este año y no esa farsa que la argentina y el expulsado ayer se empeñaron es escenificar. Eso por no hablar de ese especie de dama lánguida de piel blanquísima y cabellos rojos (Mireia) que parece mirar por encima del hombro en cada momento a todos los demás.
Y llegó Feroz a su nueva casa (sin dejar de lado su obsesión semanal, dolido aún siete días después de que las churris le hubiesen tomado por prepotente, enfurruñado todavía como un niño) y dejó a Lydia en la otra (aunque conservo la esperanza de que dentro de poco se puedan volver a encontrar). Y sinceramente, me jode y mucho esta separación, porque la imagen de los dos, abrazados casi todo el día, es una de las pocas estampas que me resultaban tiernas y sinceras en este mundo a menudo tan de engaño, mentira e irrealidad. Pero nada en esta casa es eterno y todo cambia cada poco. Y prefiero ahora mismo imaginar y fantasear con que el de Benidorm (Julio Granado, el Más Grande) se folle de una puta vez a alguna y saque a pasear esa polla que lleva dormida demasiado tiempo. Y que mejor para la ocasión que ir a follar a ritmo de tango, a la vera de esa rubia loca a la que parece que todos desprecian como si fuese poco menos que mierda que va rodando de esquina en esquina, caliente y buscando posha (que Feroz no es Oscar y a ella sí que me la creo que tenga de verdad ganas de rabo).
Y también me seduce (y mucho) el reencuentro del guerrero con esa forma de vida en la que aún no se ha podido detectar rastro alguno de inteligencia (me refiero a Yago "Berrocal") y que, en contra del temor que algunos sienten de que le pueda perjudicar, yo veo como un nuevo reto para un personaje al que veo superando poco a poco sus (escasos, aunque convenientemente amplificados) errores. Es más, mucho me temo que, no tardando mucho, incluso el gallego me llegue a gustar. Básicamente porque cada día le veo más perdido y más atacado (sobre todo desde fuera) y eso siempre ha despertado en mí un sentimiento de simpatía basado en la necesidad de defender al que todos tratan de masacrar.
Y de lo demás, poco o casi nada que destacar. Porque el rollito Ruben vs Chari me aburre soberanamente (nunca me sedujo algo tan sumamente tópico y al mismo tiempo artificial) y no creo que ella se acerque para nada a Julio (y viceversa), ni que se repita alguna de las escenas de la primera semana (cuatro pijadas exageradas y repetidas hasta la saciedad, dicho sea de paso). A no ser que ella busque llenar el zurrón de pasta (que tampoco sería de extrañar).
Y tampoco me apetece mucho hablar de personas tan antipáticas como Julia o Eduardo (que no sé qué coño pintan en todo esto, si no es por algún tipo de "labor social", porque en aburridos, impertinentes y sumamente irritantes, muy pocos les podrían ganar). Ni tampoco de esa gran decepción que vino de la India (o de Africa que la cosa cada día la tengo menos clara), que al final ha resultado ser una cruce bastardo entre el inefable Palomares (por lo limpito) y la insufrible Mirentxu (por lo tocapelotas) y que, aparte de unas risas a costa de su peculiar acento, muy poco más me temo que me podrá dar.
Y aunque reconozco que me lo estoy pasando como los indios (y estoy todo el tiempo que puedo pegado al 24 horas a pesar de todas las trabas que tengo este año para poder seguirlo) echo en falta que alguien abra de una jodía vez el fuego. Y que empiecen las broncas y se rompa esta calma chicha que me sigue pareciendo tremendamente forzada e irreal.