martes, 26 de octubre de 2010

Mi Idaho privado.

Existe una leyenda urbana que dice que Epi y Blas eran pareja de hecho (vamos, lo que toda la vida se llamó maricones, invertidos, que diría el gran José Luis). De hecho (ay... que me gusta el Que por Mayo era por Mayo más que a un tonto una tiza...), hay voces mal intencionadas que aseguran que sus creadores definieron esa relación de esos dos "hombres" (y las comillas no llevan tintes homófobos, coño, que las coloco por aquello de que no eran humanos, si no marionetas), como una forma de que los niños viesen la normalidad de ciertas opciones de vida, ya desde la más tierna infancia (vamos, pa' que no saliesen unos rancios y unos fachas cuando fuesen mayores).

Yo era muy de Epi y Blas (aunque más de Triki, no nos engañemos). Y pese a todo lo que después he podido averiguar del segundo (y su probada implicación en alguno de los actos terroristas más deleznables de la historia reciente, vease http://www.bertisevil.tv/), mi admiración y mi cariño hacia ellos siguen intactos. Y sobre todo, aún permanecen imborrables mis recuerdos de infancia, cuando llegaba a casa después del colegio y mi madre me preparaba un suculento bocadillo de panceta con jureles para merendar, con un buen vaso de zarzaparrilla, mientras me sentaba a ver con total adoración el Abrete Sésamo (esto último del bocata, conviene aclarar que es puro atrezzo para llenar líneas y adornar la historia; mi santa madre, jamás me dejó comer bocadillos, ya que yo YA estaba GORDO de pequeño. Aún así, luego no me metí a farmaceutico, que hubiese sido lo suyo).

Por eso ayer noche, viendo ese "potito" resumen de lo acontecido dentro de la casa en los últimos días (que por cierto parece hecho por una indhirista con el Lovisindier por bandera, ya que sólo le preocupan las parejitas y poco o nada toda la tensión y el potencial peligro de explosión que se está cociendo por debajo), al ver a Yago y a Oscar, metiditos en sus camitas, pegaditas casi la de uno a la del otro, y con la ropita casi tapándoles a los dos hasta la barbilla, no pude evitar volver a mi tierna infancia, y concluir sin apenas lugar a dudas, que entre los Epi y Blas de Guadalix (si alguien quiere repartir los personajes, es importante recordar que Epi era aún más profundamente retrasado que el otro), está surgiendo algo hermoso que promete durar en el tiempo y más allá de esas paredes.

No quiero ahondar más en el tema, porque lógicamente, todo son meras intuiciones por mi parte (mente sucia me siguen llamando), pero las miradas de ternura y lúbrico deseo que estos dos se dedican cada día (al menos presuntamente, porque presuntamente yo las veo), no pasan inadvertidas para cualquier observador con un mínimo de sensibilidad. Por lo cual me resulta aún más tremendamente extraño, comprobar como en los Diarios, no se le da a esta pareja, la importancia capital que tiene en ese mundo idílico de "todos se quieren y se acoplan (como sucede con las ovejas), que parecen empeñados en pintarnos en los resúmenes, obviando todo lo demás.

Pero, tiempo habrá para hablar de todo esto (que diría aquel pelmazo del que tanto aprendí, en cuanto a lo de llenar párrafos y párrafos sin decir nada), así como del triángulo de marras (Joaquín-Mireia-Marta), que nos promete noches de cuchillos largos, amores de discoteca grasienta y poses de galán rijoso (amen de humedades Atlánticas que parecen ya estar manando sin parar... y es que hay algunas con la capacidad de enamorarse en un reality en menos de dos días... y no canta a bacalao... qué va).

Y por supuesto también, habrá tiempo de tratar de comprobar cuanto puede tardar el Gran Feroz en jincarse a la redonda y carnal Lidia (yo es que cada día soy más de ella, siempre por detrás de Julio, obviamente). Básicamente porque están todo el día pegados (como culo y mierda). Y porque el líder del Escuadrón, no sé yo la capacidad que tiene de aguantar muchos días sin meterla en caliente (le pasa como a mí; lo llevamos mal y se nos acaba subiendo todo al cerebro).

Pero lo que no me gustaría sería terminar sin mencionar (aunque sea por encima), esa escena alucinante y tremendamente chusca (y más que divertida), protagonizada ayer noche por la pirada e histérica de Laura (que si es más choni y cenutria, ahora mismo estaría de Ministra de Sanidad), exigiendo explicaciones a mi Lidia, del por qué iba diciendo por ahí cosas de ella, insinuando que le podía gustar el malaguita (Marcelo). Cierto es que las dos llevaban un rato hablando de buen rollo y que la única intención de mi Sirenita, era la de ayudar y aconsejar a su nueva amiga (y es que mira que les gusta a las mujeres lo de convertirse en consejeras sentimentales, joder). Pero, el problema fué que, en un momento determinado (creo que por algún comentario de Marcelo, al que ya le habían llegado los rumores, aunque reconozco que ese punto se me pasó), la Insoportable de Parla, comenzó a darle voces a nuestra querida y tetuda ninfa, empeñada en dejar claro ante las cámaras y para tranquilidad de su novio de fuera (sin duda el tipo más féliz del mundo desde que ella entró a la casa), que entre el malaguita y ella no había nada de nada. Espero que al novio le haya quedado claro el asunto (después de repetirlo la tipa 345.867 veces, sin exagerar). Y es que ella, tenía que dejarlo bien claro, para que su amor no sufriera muerto de celos (me cago en todo, joder... por el Malaguita, que podría montar una cooperativa de aceite con todo el que le va cayendo a cada paso que da, cojones). Pero lo mejor de la escena, era ver el llanto desconsolado (y al mismo tiempo sereno) con el que Lidia asumía su culpa. Y sobre todo la cara del pobre Feroz, sentado a su vera (mientras la otra largaba su perorata), relajado, sereno (y con un punto de haber asistido y mediado en muchas peleas de este tipo). Y como le daba cariño y ternura a la rubia (y aprovechaba para magrearle la cacha, que tonto tampoco va a ser), de una forma en la que pocas veces he visto dar calor y comprensión a un hombre hacia una mujer.

Y es que este tipo, por mucho que nos lo quieran pintar como una caricatura y un prototipo totalmente distorsionado, me parece una de las personas más cariñosas con el género femenino que he visto en mi vida. Y cada gesto suyo (y las opiniones de todas las mujeres de la casa, y de todas sus conocidas de fuera lo demuestran) hacia ellas es siempre el gesto y la actitud de un tipo adorable y tremendamente respetuoso y caballero.

Salvo cuando está de coña, obviamente (como sucedió en algún momento puntual en el caso de Chari, y sobre todo se sentía jaleado por sus coleguitas, no lo olvidemos). Pero a mí por lo menos, los árboles (y el cachondeo sano) nunca me han impedido ver el bosque.