Ahora mismo sólo me vienen a la cabeza imágenes, entrecortadas, casi sin formas. No acierto a saber, aún medio dormido (despierto en medio del Kaos... en cualquier momento aparece Polaris), si son recuerdos. Porque sigo pensando que a lo mejor sólo son sueños.
Roy Orbison y sus gafas de pasta y el payaso de colores. Mel Gibson y Sigourney, en un coche, bajo una tormenta de lluvia, la misma que cubría a otro Roy, minutos antes de morir y que todos sus recuerdos se perdiesen en medio de la nada. Y a lo mejor, este es el año del que te hable. Pero creo que no. Porque ese año ya fue el de hace unos meses, y esto no es si no otro nuevo comienzo, partiendo de la nada (en busca siempre de alcanzar las más altas cotas de miseria, que diría el hermano de Carlos), porque siempre que se empieza a recorrer el mismo camino, suena a nuevo y cada vieja piedra parece tan desconocida como cuando éramos niños.
Pero no somos niños. Somos putos viejos cabrones con ganas de pegarnos una buena juerga, bebernos toda la cosecha del abuelo y fundirnos la escasa fortuna familiar en una farra que cada año, nos agarra de los cojones y no nos suelta a lo largo de un buen puñado de meses.
Porque en el fondo, sólo somos James Stewart mirando por esa ventana, con los prismáticos en ristre, fantaseando con lo que no vemos y desando poder mirar más y más y más.
Ya no queda nada, apenas lo que va desde la salida del sol hasta el ocaso.
Caras nuevas, luces viejas tuneadas para la ocasión. Demasiada purpurina que quitar para poder ver la piel y oler el sudor y la sangre. Pero en eso consiste el juego y esta es la partida que hemos decidido que nos gusta jugar y, por qué no, también vivir.
Suenan los Stones (y esta vez me recuerdan al puto Gates, presentando uno de sus Windows), pero también ha venido el diablo, y Lestat va en un coche mientras El se presenta para la ocasión. Y a la fiesta se suma Debbie, que sigue soñando (siempre lo hace, desde hace casi un millón de años) y Dylan me cuenta que por fin, como cada año, Cenicienta y el Circo, ya están a punto de levantar el telón.