jueves, 18 de noviembre de 2010

Buscando un amor.

Antes de nada, para los curiosos y para los tahures, decir que, de momento, esta noche hay foto finish entre Catha y Edu. Cosa que no deja de joderme un poco, porque ninguno de los dos me sobra (el sordo no es que sea cojonudo, es que es lo siguiente; y la venezolana, por mucho que parezca un muermo, es una pícara viborilla de las que va sembrando de minas el campo, sin dejar de poner su carita de niña buena). Pero es que la cosa comienza a estar realmente jodida. Y entre los cuatro de esta semana, confieso que no me sobraba ninguno y, de tener que elegir, lo siento mucho pero pondría en la puta calle a Mi Sirenita (que es la que, presumiblemente, puede dar menos juego, aunque el día que se suelte a hablar, esta es de las de hacer trajes sin que parezca que ha roto un plato en la vida.

Y mientras los resúmenes nadan entre lo previsible y la simple bazofia (bloque Patricia haciendo el payaso, bloque Malaguita vs Laura, bloque Xxari vs Ficus), en las casas todo se sigue moviendo, aunque parezca que nada pasa. Y sí, seguramente cada día es más de lo mismo, pero a mí, por lo menos, me divierte observar los pequeños movimientos, avances y retrocesos de esa colmena en la que pocos se mojan y casi todos los demás miran, callan y maquinan.

El puto Indio, ya ralla lo insoportable (y sin embargo me encanta, en ese papel de controlador Torquemada, siempre fiscalizando y controlando el más mínimo gesto de todos los demás) y aún no logro entender como el Sordo no le ha reventado la cabeza. Mientras el Coplas (de quien el el indio se descojona, porque por mucho que el otro se lo haya propuesto, ninguno le llama Dámaso), va al confe y llama Pepa al que pille, aunque sea un maromo de pelo en pecho con voz de aguardiente y bar barato ("Es que a mí me gusta llamaros a todos Pepa") y se mete de vez en cuando en aguas pantanosas (el temita Laura-Marcelo), a riesgo de llevarse una hostia por alguno de los dos lados, porque no sólo no se calla, si no que también tercia. Lydia, esa encantadora sirena con pretensiones de estatua de Botero, anda por allí, feliz de ser tan hermosa, y aunque casi siempre parece estar en ese mundo tan suyo en el que ella posa y los flashes disparan, cuando abre la boca, a veces es para dejar alguna perlita (aunque siempre parezca que lo dice sin ninguuuuuuna malicia).

Y Laura y el Marcelo, siguen en su bucle, que ayer llegó al capítulo 346.207, en el que ella escucha como el otro la llama "hija de puta", y desde la habitación en la que estaba encerrada (una distinta a la que estaba el otro con algunos más, se supone que por orden de los de arriba, para los habituales arreglos), echó sapos y culebras (se le supone, yo no lo estaba viendo, pero eso dijo al menos ella después), con el consabido "a mi madre ni la toca" (manda carajo, coño cómo se toma la gente el "puta" al pie de la letra, cuando tiene ganas de pillársela con papel de fumar). Luego, cuando ya pudieron salir y la niña iba lanzada como un toro de lidia (sin "y", no confundir con algún morlaco de una supuesta ganadería de la simpar sirena), tras negarlo el otro, ella reacciono como lo suelen hacer las hijas de Juana (la de Felipe el Hermoso) y arrepentida de lo mucho que "este pobre chico me tiene que aguantar", dijo que no le daría los tres puntos, sólo por las burradas que acababa de decir de él sin motivo.

Y por la noche, sesión porno del bueno (cinco estrellas, lo más caliente que se ha visto en el mundo mundial, los AVN ya están esperándolos), narrada por el Ficus ("Pasó de tó, kiyouu") en plena operación "Preñá' en dire'to, too fale por la pa'ta, Xxariarterepetá'") en la que ese ser carente de cualquier rasgo de vida inteligente y del más mínimo interes (salvo que te guste observar las piedras del campo), continua intentando dejar su semillita en su neumática novia (es curioso que nadie siquiera mencione jamás desde el programa la mentira gracias a la cual han entrado estos dos, que cuando llegaron no eran, pero a los cinco minutos si). Y esta vez el jacuzzi, fué el mudo testigo de su ardiente y fogosa pasión (y mira que es un puto coñazo follar en el agua), en la que supongo que hasta los focos de la casa, hubieron de tocarse de lo calientes que se pondrían ante ese sexo sin tapujos, caliente hasta el límite, en el que la pura pasión desontrolada, borra cualquier tipo de pudor o de falta de naturalidad...

Ja!

Y es que lo de estos dos, sinceramente, me resulta una de las cosas más tristes, falsas y caducas que he visto jamás en esa casa. Y en realidad, ya ni siquiera me produce indignación, sólo tristeza. Tristeza enorme de que exista gente como estos dos protozoos en el mundo, con esa capacidad de tratar de engañar y de pensarse que los espectadores somos idiotas (aunque me temo que aciertan bastante, visto el éxito de el tipejo este entre muchas féminas). Por no entrar en esa exhibición de principios caducos que, cada vez que se dejan ver por parte de cualquiera de ellos (lo cual es casi siempre o por lo menos bastante a menudo), me remite dolorosamente a esa España profunda que huele a moho, a sordidez y a pasodoble con misa de doce y mantilla, a hijos nacidos para perpetuar el pasado, a ausencia de risa y de vida y por supuesto de cualquier asomo de naturalidad.

Pero esto es lo que hay, y mucho me temo que eso es lo que gusta. Esa hipocresia y mentira vestida de pureza, familia y verdad.

Sólo espero que esto, lo gane quien gane, no lo gane este imbécil tipo planta. Porque entonces sí que casi prefiero que el año que viene esta casa ya no vuelva a abrir más.