Es divertido ver como el día previo a la gala, todo es una sucesión de movimientos, de toma de posiciones, de alianzas repentinas y extrañas y de lamidas de culo a quien haga falta con tal de arañar un voto o, mejor dicho, de evitar que algún voto recaiga sobre tí.
El miércoles, es el día del gusano. Y cada uno de los pequeños gusanitos de Guadalix, se arrastra sin pudor buscando "mais cariño" (que diría el otro) y los fantasmas salen de su guarida, a la mayoría de ellos, sólo les falta la sábana y la bola con la cadena, para estar perfectamente tuneados para su papel favorito (o al menos para el que interpretan con mayor asiduidad y menos complejos).
El zopenco de Yago (ese que de niño debía ser el más tonto de la clase y al que seguramente todos los demás le robaban el bocadillo), ejerce de Yoda (casi tan petardo como el bicho de marras, pero infinitamente más zoquete) y sólo le falta (en lo que él presume de sesudas reflexiones) soltar alguna sandez tipo "Cuatro estos a nominarnos nos van", mientras fuma los cigarros de su joven Skywalker (Arturín, otro tonto a las tres con fundamento), que alaba fascinado a su amo, le insinúa que casi casi son amigos para siempre (es que 5 días, juntitos las 24 horas, debe dar para mucho) y promete (si no vuelven a cambiarlos de casa) dar muchísimo juego y subir la audiencia (tal cual, no miento, es gilipollas perdido) la semana que viene, porque no piensa callarse ya, nada de nada, nunca más.
Yogo asiente (de forma pausada, intentando aparentar que su mente es un generador imparable de profundas y acertadas reflexiones). Y mientras, Martita ( que por continuar el símil podría ser el inútil de Jar Jar Binks), trata de arrimarse a Pepa (versión madura y machorra de una Leia divorciada del Solo, jodida y amargada por haber tenido que terminar regentando el putetxe en el que acabó convertida la Taberna de Mos Eisley), no le dice a nadie que no (ni que sí) y aunque parece perfectamente integrada junto al cuarteto siniestro en ocasiones (Ficus, Conejito Perfecto, Terry Mostrenca y Vocecita), en otras se deja querer también por el otro bando, tratando de quedar bien con todos y sin mostrar aún sus cartas (buscando al mismo tiempo, como todos, de salvar y proteger su culo).
Por continuar la chorrada, Terry (el único personaje que me inspira un poco de ternura, porque la veo a punto de romperse, tocada sicológicamente por la falta de tabaco y el pánico a saber que está engordando, con el consiguiente miedo a que reaparezcan los fantasmas del pasado) sería Chewaka y Vocecita, un C3PO coñazo donde los haya.
Y el Ficus y su churri, serían ellos dos, sin comparación posible con nadie, porque es imposible que la literatura o el cine, hubiese creado dos esperpentos tan grandes como estos (más que nada, porque cualquier obra basada en dos personajes así, estaría condenada al fracaso, como puede estarlo este circo si se siguen empeñando en centrar los focos en una pareja en la que, hasta la orientación sexual del presunto macho, todo huele a farsa y a mentira). Y la neumática y su Rubencito, claramente desprecian a la Terremoto y a la de la voz, pero no les queda otra que arrimarse a ellas (y fingirse sus amigos para siempre), pese a las caras de asco que al maromo se le escapan, cuando no le queda otra que compartir su compañía por el puro interés de hacer grupo y pactar las nominaciones, ahora que es evidente que Yogo y Luko, se la van a endiñar sin un pestañeo.
Y en el otro lado, el niñato estúpido de Marcelo, continua haciendo méritos para ganar el Oscar de calle, con esa interpretación entregada (e imposible de tragar) en la que pretende vendernos la burra de lo mal que se lo está haciendo pasar (con caritas y pre pucheros incluidos) esa "mala mujé", que le tiene acosao' y no le deja endeviví. Y para intentar que la pobre Laurita se vaya a la puta calle esta misma noche, no cesa de pincharla a la menor ocasión, sabiendo que la otra saltará sin poder evitarlo, porque a la que nace polvorilla y se licencia luego como Choni Cum Laude, no hace falta más que una simple pijada para hacerla casi explotar.
Y mientras el Coplas ya ni canta casi, y sólo piensa en vendernos lo moderno que se está volviendo (a ver si en una de estas puede grabar un disco, que es a lo que ha entrado), y lo maricón de playa que se siente a pasos agigantados. La pareja que hay (pero que no era) es una mera ficción teatralizada, la que entró de guarra oficial (Martita) está resultando ser una novicia, la tonta ya casi nunca lo parece (sin la ayuda del conejo está mucho más jodido) y el que iba de modelo internacional, va para portera de cuarta. El indio al final resultará que era moro y sólo la Sirenita no ofrece dudas de que es todo lo que nos prometió y nada más.
Me da que al Espíritu (ese que estaba encargado de velar por la verdad y la pureza), le han mandado unas cuantas semanas de vacaciones, no sea que tuviese que acabase echándolos a todos a la puta calle, por no haber contado ninguno una puñetera verdad.