Esto es como lo de aquel blanquito (puritito white trash, para entendernos), tan fascinado por el hip hop, que cada mañana, cuando se miraba al espejo, se imaginaba negro, nacido en el mismo Bronx y cargado de oro y con los pantalones muy por debajo (casi) de la raja del culo. Y un día, el negrata de turno, hasta los huevos del pavo, le espetó sin demasiado tacto aquello de "Culito blanco, por mucho que tú lo intentes, nunca llegarás a ser más que un puto blanquito de mierda".
Pués bien, Jhota, sueña cada noche que es un payoponi y, cuando se emociona mucho, llega a imaginarse que ni siquiera tiene papeles, mientras llena de grafittis las calles más sucias y despobladas de Vallekas.
Porque, el tipo, me hace reir mucho, la verdad. Bueno, no el tipo en sí, que me parece un puro coñazo. Lo que me hace reir a carcajadas es esa obsesión de muchos contra Patricia (Vocecita, para entendernos) porque canta (cuando lo de ella suele ser una especie de concierto diario, de un par de horillas de duración y seguido) y a nadie le jode cuando canta la Julita de los cojones (debe ser que el flamenquito está mejor visto, manda huevos, joder), y mucho menos cuando este protozoo agarra el micro y se pone a berrear.
Aunque en este caso, creo que tengo la solución. Sí esa puta canción que repite a todas horas (esa de "y si tú me dejaaaaa...") es la que afirma tener registrada en autores, creo que la SGAE debería tomar medidas contra Zeppelin y exigirle el pago por derechos de autor. Teniendo en cuenta lo que mira esta gente (Zepelin), la pela, a este fulano tardan dos segundos en amordazarle, meterle hasta una manzana por el culo o mandarle a la puta calle de una patada en el mismo.
Y es que la llegada de Vocecita (que no tiene la culpa de que el otro exista, vive dios, pero es que no hayaba forma de enlazar los dos párrafos sin el "Y es que"), ha venido a demostrar una vez más, la ceguera de los de siempre, empecinados en poner en la puta calle a personas a las que no consiguen entender y a las que acusasan (simplificando al máximo) de estar interpretando un papel (los otros, no... para nada), sin darse cuenta (y mira que es fácil, observándola cinco minutos), que esta chica, aparte de ser así, consigue allá donde vaya (y sin proponérselo), ser un elemento desestabilizador de cualquier comunidad.
Y es que nuestra Patri, es un puto coñazo donde los haya. Pero no por lo que canta, si no por lo mucho que habla, lo cansino de su discurso y sobre todo esa puta sensación de que, tan encantada está de vivir esta experiencia (esta sí que está poseída por el Espíritu de Gran Hermano), que no se callará ni un segundo de toda la parte de su puta vida que pase en esa casa.
Y claro, como en esa casa, ya hay dos grupos perfectamente formados (Yago, Marta, Joaquín y Catha por uno, y los otros, en el otro, valga la redundancia), la llegada de la nueva hace que unos y otros intenten captarla sin pudor ni reparos. Y aunque ella es afín desde el minuto uno a Terry (con lo cual ya está integrada con Jhota y con esa Chari sibilina que sempre está barriendo todo el puto día, sólo por tener la antena puesta), elementos como Yago (el Grande entre los Grandes), intentan escucharla mientras canta (no sin soltarle tiritos que la otra ni pilla, como "Qué bonita es esa. Dedícame una, anda"). Aunque lo de Marta es peor (porque le aguanta la charleta, que tiene mucho más mérito). Y lo de Catha ya es la rehostia (porque está sí que parece sinceramente interesada en lo que la otra está contando).
Pero gracias a esos momentos en los que Vocecita, saca a pasear todo sus amagos de libritos de todos los planfletos de autoayuda que debe de llevar dentro, los demás podemos ver como todo el resto se vende (ya no a cámara, si no ante los otros, cosa muy normal cuando empiezas a conocer a alguien), resaltándose siempre como divinos de la muerte (es mejor ocultar los defectos propios, deben pensar), como los más guais y, sobre todo y más importante, los más arrebatadoramente sinceros. Menos mal que, entre tanto discurso de autobombo y total ausencia de sinceridad, surge tremendamente real (y totalmente creible entre toda la maraña habitual de tópicos) una Marta que cada día me gusta más (y que se está convirtiendo en mi favorita casi número uno, en dura pugna con Yago) y a la que veo más afin a mí en sus comportamientos en grupo. Sigo sin creerme mucho su historia con Joaquín (y mucho más su ya medio amistad con Yago), pero en lo demás, me aporta muchísimo más interés verla y escucharla, que lo que me da el resto de elementos de la casa.
Y en Villa Blanca, poco nuevo que contar. Simplemente, quizás, un aviso a los de arriba, con cariño. Vigilen de cerca esa incipiente relación que parece estar surgiendo entre Laura y el Malaguita, porque a mí me huele a cuento e igual en el manual ese, tienen que también va contra el Espíritu de Gran Hermano. Y a la puta calle con ellos, que sin un buen Circo, los jueves no serían lo mismo. Y si no fuese Antiespiritual, tomen nota de si ella folla sólo por vicio, para que luego Nuestra Mercedes la pueda llamar "puta", sin tener que dudar.
Y no quisiera despedirme por hoy, sin dejar aquí un pequeño recordatorio a nuestro casi olvidado manchego de oro, nuestro gran Niño Dámaso, que tras unos días en los que casi me paso inadvertido, ha vuelto a retomar con ganas, poderío y alegría, todo su repertorio (escaso, sí, pero contundente) homenaje a las grandes canciones de Nuestra Tierra. Qué bueno sería que su arte, no pasase inadvertido para España (por cierto, miren si en el libro ese, en lo del Espíritu, viene lo de entrar para promocionarse) y que, dentro de poco pudiésemos verlo ya en una casa con unos colores mucho más acordes con el amplio arcoiris de su voz dorada.
Vamos, que a ver si sale de una puta vez nominado, se salva y lo vemos dando el puto coñazo en color, en la otra casa.