miércoles, 10 de noviembre de 2010

El séptimo día.

Yo entiendo a aquellos que sólo ven Gran Hermano a la espera de que se lie una buena matanza. En ocasiones no sólo los comprendo, si no que incluso comparto sus ansías. Pero confieso que en general, aunque una pelea puntual puede saciar mis impulsos más primarios, con lo que realmente disfruto de esa Casa, es cuando una guerra de guerrillas por debajo, siembra de minas el terreno, a la espera de que uno y otro bando empiecen a hacer el recuento de víctimas.

Y es en la casa de colores donde la guerra ha estallado. Sin cuartel, pero silenciosa y moviéndose en las sombras. Los dos grupos están perfectamente definidos (excepto algún pequeño detalle en el caso de Patricia que, aunque casi totalmente alineada en el grupo de Terry, Chari y Jhota, aún sigue dejándose querer por los del otro lado) y las hostilidades casi defintivas, hace ya días que han comenzado cada vez con menos disimulo (a pesar de que para el/la cateto/a que hace el Resumen Diario, sólo cuenten las historias de azúcar que huelen a chorrada y a una mierda tan inmensa, como el pedazo de cagarro que cagó ayer noche).

Y la cosa, más o menos por encima, está así: Catha, Marta, Yago y Joaquín odian a Terry (cosa lógica para cualquier persona de bien). Así mismo están hasta el culo de Chari (odiosa donde las haya), aunque le pongan buena cara y hagan la pantomima (como Marta ayer noche, de amor y compaña durante la fiesta). Y han decidido nominarlas a las dos a la espera de que, aunque alguna de ellas (Chari, creen) fuese salvada por los de la otra casa, con lo que se debe de estar viendo fuera (piensan), la otra se vaya a la puta calle. Y en el otro bando, tanto la canaria, como la choni del novio/nonovio (que es más falsa que Judas tratando de ponerle cara de buena chica a todo el mundo), como el borderline de la gorra, pretenden que salgan nominados Joaquín, Catha y Marta (a los que todos ellos odian y Terry más... aunque luego cuando se mama, vende ansias de reconciliación con su gallega del alma).

Y en esto Vocecita (cada día más insoportable y, me temo, más favorita) se les une y dice que ella, si lo decide el grupo, nominará así también. Y por encima de todos elllos, perteneciendo a un bando y moviendo los hilos en las sombras, pero habiendo conseguido que los del grupo contrario le vean como un tipo majísimo contra el que no tienen nada, aparece el Gran Yago (todos en pie, cojones), el que desde su catre (casi todo el día y en pelotas bajo las sábnas) domina la situación y trata de demostrar que, aquello de su video de presentación de que le encantaba jugar al ajedrez, no era una sandez de cara a la galería (aunque tampoco voy a poner al chaval de "Pepe" o similar, ni mucho menos. Pero con la masa neuronal que suele ser habitual en este programa de ceporros, pintas lleva de ser el rey absoluto de esta edición).

Y es que Yago (sin ocultarnos a nosotros nunca su juego, dejando claro que él le daría un abrazo y sería falso con quien tuviese que serlo para evitar salir nominado), ha conseguido caerle bien a todo el mundo y (salvo que las cosas cambien) seguramente no tendrá ni un sólo punto en las nominaciones del jueves. Es más, no sólo los contrarios lo van a salvar de esta, si no que encima, hablando entre ellos, comentan ingenuos cosas como que, el gallego les cae muy bien, o que es imposible que Charini salga nominada, porque "¿Quién la iba a votar y menos Yago?".

Y estando como están las cosas (y rezando para que la organización de los cojones no se saque una de las suyas de la manga y cambie la forma de nominar, entrometiéndose en el resultado final, como suele hacer de forma chapucera cuando le sale de los huevos), lo que se adivina el viernes a las primeras horas de la madrugada, es una noche de cuchillos largos (al quedar algunas cartas boca arriba) que conduzca, si dios quiere, a una semana con un ambiente aún más tenso e hipocrita, en el que, en cuanto te das la vuelta, te la clavan por detrás y te hacen un traje a medida.

Y mientras Vocecita, apoyada por unos resúmenes (narrados de forma zafia, que tergiversan las historias por un simple y puto problema de incompetencia y de no tener ni puta idea de contar ni un simple hilo sin dejar montones de lagunas por el medio, como hizo ayer en la broma de las parejas), en los que ella es la protagonista absoluta y en la que alguien parece interesado/a en crear a una Fresita de la nada, para no tener que currar mucho (gracias a dios que la audiencia diaria no llega ni a los cien mil espectadores), da la razón a Yago en aquello de que un poquito bien, pero que en seguida resulta un puto coñazo. No tanto porque cante (ni me molesta, ni me entero muchas veces y en otras me resulta hasta agradable), si no por lo cansino de su discurso y por esa estupidez que le viene de fábrica y que la convierte a los dos minutos (una vez pasado el impacto inicial, y tras descartar por lógica que lo suyo sea un papel) en un elemento ciertamente aburrido dentro del panorama. Pero aún así, en estos primeros instantes puede hasta ser necesaria como elemento desestabilizador (y para ver como se comporta con ella cada cual, porque intuyo que ninguno la aguanta y todos están haciendo con ella el papel de sus vidas por puro interés) y espero que se quede esta semana, aunque sólo sea para que la gitana pueda volver pronto a vender bragas (o altramuces o lo que cojones sea que venda).


Y mientras, la casa Blanca, por alguna extraña razón, sigue sin interesarme. A pesar de las también evidentes subtramas que se mueven continuamente, y aunque bajo ese clima de calma aparente , rascando un poco, la mayoría de ellos se van teniendo ganas. Pero algo en esos tipos o en esas paredes, me produce aburrimiento. Y creo que soy tan superficial, que tiene que ver con ese decorado tan tremendamente frío que sólo consigue producirme rechazo. Y no es que el juego de los dos mundos no pueda tener su punto en ocasiones (a pesar de que los de arriba no tienen ni puta idea de como gestionarlo para sacarle mucho más provecho). Pero si quiero ver todo el potencial de los ratones "blancos", necesito que cambien y adquieran todos sus colores lo antes posible. No vaya a ser que por culpa de ese mismo blanco reluciente y plano, nos perdamos algo interesante por el camino y le condenemos a no llegar jamás a ver el otro lado.