De este fin de semana me quedo con el Sordo, ese tipo extraño, con pinta de friki, un poco Anton Chigurh (sin la sicopatía... quiero suponer), rijoso y grasiento, con aspecto de guarro y sobre todo con esa voz que me hace retroceder a mi infancia y a esos chistes cutres de Arévalo en casetes pata negra de expositor de gasolinera. Pues bien, este adorable pirado (que haría que el inefable Torbe pudiese pasar por un gentleman), me ganó en las imágenes del resumen del viernes, y me siguió ganando por sus continuas broncas con Laura o Anup y con todo dios que se le ponga a un metro a la redonda.
Tipos como este (con esa mala leche imparable y sin asomo de descanso, combinada con ese aire de frikismo natural como la vida misma, hacen que las horas pasadas frente al telvisor contemplándole (y sobre todo escuchándole...) me pasen volando y me provoquen carcajadas espontáneas de sincera ternura.
Eso por no hablar de Laura (ya más detenidamente), esa chica dotada de una voz tan adorable como el ruido de una taladradora eléctrica, que sólo busca desesperadamente (entre bronca y bronca) que el Malaguita le diga que la ama, que siente (amor en concreto, otra cosa no creo que le valiese) y que algo en él palpita (aparte de su polla recalentada hasta el límite), cuando ella está cerca y le sobetea (continuamente), poniéndole las tetas a la vista sin dejarle catarlas. Aunque mucho me temo que el niño, sólo la quiere para lo que la quiere, lo cual no es poco. Y es que es tan grande la tensión sexual que se nota entre estos dos (aderezada con broncas intermitentes en las que ambos se tiran los trastos a la cabeza sin reparo alguno), con las hormonas en ebullición y los toqueos como protagonistas continuos, que me resulta tremendamente difícil de entender que hayan podido controlarse (hasta el momento) y no pegar unos cuantos polvos en condiciones (aunque a ella la veo considerablemente estrecha o al menos, engaña mucho), mandar a tomar por culo de una vez al tal Samu y arriesgarse a lo que salga (que sería nada, eso sí) disfrutando sin complejos del momento.
Pero sin duda, muy por encima de estos (e incluso de la presente ausencia en este mundo de esa Milydia, que cada vez se va pareciendo más a la Fiona del cuento), la estrella de este fin de semana ha sido esa adorable pirada llamada Patricia (Vocecita, creo que la define mejor, de manera más contundente), que ha protagonizado una rallada colectiva que ha superado los lindes de esa casa, llegando a afectar (gracias a la chapuza de la productora) a todos los que ayer sábado, contemplábamos el 24 horas, sin llegar a saber a ciencia cierta si estaba en La Misión del Olivo (que suena a spaguetti western con Lee Van Cleff ejerciendo de malvado protagonista) o si símplemente había entrado en brote de forma definitiva y llevaba dentro una puta chiflada, mucho más de encerrar de lo que en apariencia ya se le presuponía.
Y es que antes, en Gran Hermano, a los espectadores se nos hacía cómplices de todas las trampas de las que los ratoncillos eran víctimas, pero parece que este año (y eso debe ser la famosa Cuarta Dimensión), no se sabe bien por qué motivo (es un eufemismo, las cosas van como van porque la chapuza campa a sus anchas, reinando sin pudor desde los confines de los Diarios hasta el último minuto de las Galas, sin olvidar la habitual censura del 24, que el viernes, simplemente ni existió durante un buen número de horas del día), seguir la trama de las historias (y mucho más tratar de contarlas y darles una coherencia) se convierte casi en misión imposible (como bien decía el Gato Encerrado, en su magnífica primera parte de su entrada del jueves, aquella que hablaba de la imposibilidad de ser cronista de GH este año).
Pués bien, esta vez (y hablo antes de ver el DBT, sabiendo que puedo estar metiendo la pata hasta el fondo), la chapuza y el oscurantismo chapucero, ha llegado tan lejos que, se nos ha publicado el presunto texto de la prueba de esta semana (en la web de Portalmix), sin mencionarnos el pequeño detalle de que, ese texto, es imposible que sea el que se les ha facilitado a los ratoncillos, por algo tan evidente como que en él se menciona que la organización les impide dormir la siesta (siestafobia lo llaman, se han roto la cabeza, son unos putos magos del ingenio) y ellos desde el sábado a la tarde ya la estaban durmiendo (aunque puede que fuese a unas horas distintas, vaya dios a saber, el sábado ni cristo lo sabía), o más bien intentándolo, puesto que una Patricia descontrolada, no dejaba de darles voces para evitar que se durmiesen (provocando una bronca del carajo con Terry de máxima contrincante, que trajo consigo conversaciones posteriores de todos a escondidas poniéndola a parir y tratándola de subnormal y loca para arriba).
Y a pesar de las explicaciones posteriores de Vocecita (farragosas como no podián ser de otra forma, si todo formaba parte de una misión secreta), el desconcierto era la nota predominante en todos los blogs del ramo (pese a que algunos sacaban conclusiones de un "ya lo entendereis", que si se seguía la frase con "cuando vosotros esteis nominados, seguro que haceis lo mismo", que no sólo no aclaraba si no que aún lo liaba todo mucho más).
Menos mal que, por fortuna, el realizador de la madrugada se apiadó de los pirados como yo (que llevaba en brote todo el día, preguntándole a todo bicho viviente y buscando hasta debajo de las piedras por si alguien había visto algo en las horas que yo me había perdido), y a eso de las 3 y media de la mañana (antes del amanecer del Domingo), nos dejó ver una conversación de nuestra Voz Dorada, sola a cámara en la que poco menos lo explicaba todo (y comentaba que, para evitar broncas en los días posteriores, fingiría que estaba de los nervios y que desde el confesionario, la estaban medicando).
Y bueno, como ya está empezando el DBT (en el que veremos si lo aclaran todo, que es lo que prometen), cierro ya este chiringo, no sin antes reflexionar en voz alta que, aunque pueda parecer que la organización le ha puesto a Patricia un puente de plata para ganar este sarao de calle, puede también ser todo esto un arma de doble filo, porque el papel glorioso que está haciendo la rubia, puede servir de excusa a algunos para empecinarse en que la moza no deja de estar continuamente interpretando un personaje. Cuando (yo sigo en mis trece) cualquiera que se moleste en mirar con un poco de detenimiento algunas escenas (como la descacharrante del árbol), le daría, cuando menos, el beneficio de la duda.
Porque para mí, por suerte o por desgracia (y no hace falta más que ver como habla su madre, que parece una versión adulta de la chica), la señorita, es así de natural y de nacimiento.